CARACAS, martes 31 de mayo, 2005 | Actualizado hace
Es verdad que Alejandro "Patón" Carrasquel fue el primer
venezolano que jugó en Grandes Ligas, y que su sobrino
"Chico" fue el primer latino en un Juego de Estrellas. También
es verdad que Luis Aparicio es el primer y único venezolano
en Salón de la Fama. Pero, sin quitarles méritos a
ellos ni a ningún otro pelotero criollo, me atrevo a decir
que el primer gran héroe que han tenido nuestros fanáticos,
en cuanto al beisbol mayor se refiere, se llama Andrés
Galarraga.
Por supuesto que es una apreciación personal, basada probablemente
en la amistad que nos une, por una parte, y al hecho de que
me ha tocado ver de cerca su carrera y mucho de su vida porque
ambos debutamos en Grandes Ligas en 1985. Sin necesidad de buscar
en un diccionario el significado de la palabra "héroe",
supongo que es alguien que vence obstáculos y adversidades.
Si es así, Andrés las ha superado todas más una.
Porque desde sus inicios, los scouts se negaban a firmarlo porque
su contextura física no era de atleta, según ellos.
Para decirlo sin tapujos, le decían "el Gordito Andrés".
Pero esos kilitos extras no impidieron que Galarraga se fijara
una meta y la alcanzara a punta de batazos, y sobre todo a punta
de perseverancia y dedicación. Gracias a esa actitud Andrés
llegó un día a los Expos de Montreal, donde se convirtió
en un verdadero héroe de los fanáticos. De hecho,
creo que fue el primero de nuestros jugadores que logró
un contrato multianual sustancioso, que le permitió garantizar
su futuro y concentrarse en el juego.
Pero, como todos sabemos, los héroes nacen para vencer
obstáculos, así que un día en Montreal decidieron
que ya Andrés no era el mismo, que sus habilidades y talento
se habían acabado, y fue a parar a los Cardenales de San
Luis. Allí tuvo una segunda mitad de temporada asombrosa,
y lo más importante fue que en ese equipo conoció
a alguien que iba a influir mucho en su carrera, y que de paso
se lo llevó para los debutantes Rockies de Colorado.
La historia de Galarraga con los Rockies la conocen todos.
En su primer año conquistó una hazaña que ni
siquiera bateadores insignes como Víctor Davalillo o César
Tovar, con todo y su campaña de 200 hits, habían logrado.
Andrés fue el héroe de toda Venezuela al batear .370
de average, y ganarse el título de bateo de la Liga Nacional,
ganándole en la carrera nada menos que a Tony Gwinn, quien
para variar ese año bateó 360 y pico. Los venezolanos,
que ya adoraban al Gato por su simpatía, su perseverancia
y ese don que nada tenía que ver con Baylor, sino con su
extraordinario don de gente, después de ese título
de bateo lo elevaron a la categoría de héroe nacional.
Pero una vez más, el trabajo de los héroes es vencer
al mal. Así, después de participar juntos en la Serie
Mundial Bravos-Yanquis, vino la peor noticia que el mundo deportivo
venezolano había recibido en muchos años. Andrés
Galarraga, el consentido de Chapellín, tenía cáncer.
Millones de lágrimas derramaron en Venezuela y el mundo
los fanáticos que siempre admiraron su entereza, su carisma,
su talento y calidad humana.
¿Por qué a él? Era la pregunta que se hacían
en todos los hogares. Bueno, porque a los héroes siempre
les toca el trabajo duro, y esta vez, igual que siempre, Andrés
lo asumió con la determinación que durante años
demostró en cada juego y cada capítulo de su vida.
Y una vez más salió victorioso, para alegría
de millones de aficionados que en esos días le expresaron
su cariño y solidaridad de mil formas: cartas, graffittis,
pancartas, y en aquella gigantesca ovación que le tributaron
cuando Tampa Bay y los Bravos jugaron en el estadio Universitario.
Y es ese mismo cariño el que le están expresando
ahora, cuando el gran héroe anuncia su retiro. Sin embargo,
¿ustedes vieron la película Los Increíbles? ¿Esa
que muestra unos héroes retirados que se vuelven a poner
sus uniformes y salen a combatir el mal? Bueno, su personaje
principal me recuerda a Andrés, y no por lo gordito, sino
porque al igual que muchos venezolanos, yo también espero
ver nuevamente a Andrés uniformado, ayudando a las generaciones
de relevo, compartiendo su experiencia, su talento, valentía
y calidad humana, para que nuestros peloteros sigan poniendo
en alto el nombre de Venezuela, como jugadores, y como personas.
Igual que Andrés, el héroe.
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