Pocos venezolanos generan un sentimiento de orgullo tan profundo
en nuestra población como Andrés Galarraga. Sus
orígenes humildes sólo testifican su enorme disposición
a la superación y al éxito. Su lucha frente al cáncer
representa su tenacidad y su amor por la vida y la felicidad
de los suyos. Tiene en su personalidad y en su actitud algo
que nos resulta cercano, familiar. Andrés lleva en su
mirada las ventanas por donde miramos todos los venezolanos.
Quise corroborar esta intuición, y le preguntó
a mi hijo de 11 años, fanático del beisbol, qué
pensaba de Andrés Galarraga. "Es un héroe nacional,
mamá, además es uno de los mejores guantes en la
historia de los peloteros venezolanos". En el otro extremo,
casi neófito del beisbol, consulté a mi padre su
opinión sobre Andrés. "Galarraga es un ejemplo de
las oportunidades que tuvo en su vida y que supo aprovechar",
sancionaba seguro de que la vida siempre te brinda al menos
un chance para triunfar.
Admirado por sus talentos y por sus convicciones, es un paradigma
para las futuras generaciones por su posición ante una
adversidad que lo enfrentó con dos posibles actitudes.
La primera, sumirse en la derrota de una víctima de las
circunstancias que le imponía el destino. La segunda,
con fortaleza, gallardía y decisión, asumir esa
adversidad como un reto que exige la condición del héroe.
Andrés eligió lo que siempre había sido el
camino de su vida.
La experiencia del Gato reafirma el viejo mito de nuestros
suburbios populares y de nuestros niños en toda la América
Latina. Cada generación tiene su Galarraga, en el deporte
o en el arte. Todos soñamos con un mañana mejor
y de esperanza para nuestras familias y para nuestra patria.
Eso es lo que conjuga el deporte o el arte. Quien triunfa
en esas dos perfecciones del cuerpo y del espíritu, triunfa
para sí y para su gente. Obtiene así la magnanimidad
del alma, como decían los griegos. Ser un buen hombre
y también ser un buen ciudadano.
Saber que se ha cumplido con la oportunidad para con uno
mismo, con nuestra familia, con nuestros conciudadanos. Ese
es el talante del héroe. El modelo que ejemplariza y
modela a los pueblos. Millones de niños venezolanos deberían
soñar hoy con tener las mismas oportunidades. Millones
de niños que nos obligan a brindarles una sociedad donde
sea posible vivir como buen hombre y como buen ciudadano.
Jamás víctimas y siempre héroes. Buenos hombres
y buenos ciudadanos. Eso es lo que todos podemos ver en la
mirada de Andrés Galarraga.