Mapa del sitio
Daily News
Búsqueda avanzada
ClasificadosUsuariosAnunciantes
Caracas, lunes 23 de mayo, 2005  
[an error occurred while processing this directive]
Principal > Nacional y Política > Noticias
 
Imprimir Enviar por correo  |  Disminuye letraAumenta letra
 
OPINION / Entre la división interna y la corrupción el régimen se debilita
La V República marcha hacia la crisis

Artículos relacionados
El descontento social se desborda por todas las costuras sin que las promesas logren amainarlo El Presidente se ha lanzado al máximo radicalismo que su audacia le permite. El lenguaje agresivo, la asunción del socialismo "camboyano", la represión contra toda disidencia, constituyen un cuadro extraño en quien se asume como un vencedor.

Los que obtienen victorias suelen hacer concesiones y ser magnánimos, para evidenciar la solidez de su poder. En este caso, hay, por el contrario, radicalización progresiva de los dirigentes del régimen.

Esta conducta pudiera ser producto de la convicción de que el poder no es tan absoluto, que las debilidades corroen al proceso y que la jefatura está endeble.

Enemigo al acecho

El Gobierno se comporta no como el feliz poseedor de una legítima victoria sobre sus oponentes sino como el tahúr que los ha desvalijado y ahora anda temeroso. Las recientes alusiones presidenciales al viejo tango del magnicidio han disparado otra vez las alarmas en relación con las percepciones gubernamentales.

Por su lado, los jerarcas se refieren a que militares de EEUU estarían "calentando la oreja" a oficiales venezolanos, lo cual es admitir que esas "orejas" son susceptibles de calentarse.

Y, como complemento, la apolillada acusación de golpistas para referirse a los antagonistas vuelve a asomarse en los labios de los próceres. José Vicente Rangel les dice a los militares: "No les crean a los opositores; ellos los embarcan", dejando ver que si éstos no fueran tan embarcadores saldrían en tropel a conspirar con ellos. Uhmm... sospechoso, muy sospechoso...

Chávez denuncia amenazas que brotan de todos los rincones. A veces parecieran provocaciones para que los tenebrosos conspiradores salgan de una vez, y así poderlos descubrir y paralizar antes de que cumplan sus aterradores planes. El Gobierno vislumbra algo que no termina de escla recer.

Es posible que sea una excusa para la represión; pero, más bien, parece que algo los atemoriza, una "mano peluda" o un desafío que quisieran abortar.

No hay que olvidar que una de las herramientas fundamentales que usan los regímenes autoritarios es montar tinglados de provocación para que los conejos salgan de sus madrigueras y, luego, cazarlos a campo traviesa.

Es posible que esas amenazas existan; sin embargo, lo más notorio son algunas asombrosas y evidentes debilidades. Las más importantes se reseñan a continuación.

División interna

La acentuación del carácter militarista del régimen requiere el desplazamiento de los sectores que no comparten, al menos totalmente, esa definición.

El militarismo exige que las principales posiciones de la Administración Pública y las de la próxima Asamblea Nacional estén en manos de sus partidarios.

De este modo, al lado de la natural concentración del poder que se da en los autoritarismos se produce una tendencia a la exclusión de quienes no sean considerados totalmente fieles al dominio militar.

Ya no basta el vasallaje político que han mostrado diversos representantes de los poderes públicos; ahora hay una nueva vuelta al dogal: se exige vasallaje ideológico. En la naciente fase se obliga a compartir el socialismo, junto a la babosa mansedumbre hacia Fidel, el entusiasmo por la represión interna, el desarrollo de las milicias y el odio a EEUU. Ya no basta obedecer sin chistar, como lo ha hecho tanto general y magistrado indecente, ahora es obligatorio pensar distinto para acomodarse a la corriente oficial.

La nueva línea erosiona las bases de apoyo del régimen, no sólo en el interior de los que son desplazados de cargos y candidaturas, sino entre quienes resisten su conversión a la ideología militar-socialista.

Las purgas adelantadas por el MVR y la humillación de los aliados son elementos de la depuración.

Relajo desenfrenado

El fenómeno de la corrupción desatada, justificada en nombre de las necesidades revolucionarias, no sólo afecta los dineros públicos sino que carcome las bases de sustentación del régimen.

Mientras se exige fidelidad socialista, los ladrones socavan la Administración Pública como implacables termitas. El llamado "impuesto procesal" de 15% es un inexorable ingrediente de los costos de contratación con el Estado, que, junto a la ausencia de controles, ha generado un saqueo que, incluso, escapa a la vigilancia presidencial.

La generación de parcelas de poder ha desencadenado una lucha entre facciones por el control creciente de los recursos públicos. Los que más se enriquecen tienen más poder y, eventualmente, más posibilidades de prevalecer en las disputas. El efecto global es que hay una nueva burguesía voraz, que se enriquece sin medida, pero, también, hay un relajo en la militancia del régimen, por la corrupción incontrolada. Este fenómeno comienza a comprometer la fidelidad al proceso; no es de extrañar que Chávez tome algunas medidas contra dirigentes de su gobierno, tanto para aparentar que se lucha contra la corrupción como para intentar que cese el desmadre hamponil que, pasado un umbral, hace implosionar el establishment chavista.

La corrupción generalizada y eventuales medidas para combatirla, una vez que ha hecho metástasis, tienden a debilitar todavía más al régimen.

La incapacidad

Un equipo bisoño siempre incurre en el costo de la inexperiencia; sin embargo, después de 6 años, ya no es una cuestión de inexperiencia sino de incapacidad. El ejemplo está en el deterioro institucional que simbolizan Pdvsa, la FAN y el Banco Central, todos en proceso de destrucción intensiva.

La incapacidad va más allá de la ignorancia profesional de los altos funcionarios; la incompetencia fundamental resulta de no saber escoger personas calificadas para gobernar. En este sentido, Chávez personifica al incapaz más excelso de su régimen.

El cambio incesante de funcionarios, que él atribuye a fallas de "los demás", en realidad, revela su propia falta de juicio y la carencia de criterio en relación con los compromisos que ha creado con sus partidarios (no hay que considerar las exigencias de sus adversarios porque, para Chávez, éstos no tienen ninguna existencia).

No importaría tanto el desconocimiento de los gobernantes sobre las materias que tienen a su cargo, si otros venezolanos que sí conocen pudieran aportar sus destrezas. Pero no; los jerarcas oficiales están política e ideológicamente impedidos de aceptar y menos solicitar la colaboración de quienes no adhieran al régimen. Dado que la casi totalidad del sector intelectual y profesional adversa a Chávez, entonces el Gobierno se ha amputado, por propia voluntad, la posibilidad de apelar a lo sustancial de la inteligencia del país.

Epitafio

Entre la división interna, la corrupción, la incapacidad y la destrucción institucional, el régimen se debilita en su estructura. El fantasma que se les viene encima tal vez no sea el de la CIA o el del golpe de Estado, sino su propia momia putrefacta. Frente a este cuadro, el descontento social se desborda por todas las costuras sin que las promesas, repetidas por 6 años, logren amainarlo. Estos factores preludian el avance hacia una cuarta y más intensa crisis que vuelve a Chávez, otra vez, susceptible de ser derrotado. ¿Quiénes encabezarán la nueva rebeldía? No se sabe; pero, la sociedad los producirá.

carlosblancog@cantv.net



 
[an error occurred while processing this directive]




 
Imprimir Enviar por correo  |  Disminuye letraAumenta letra
 
Contáctenos | Política de privacidad | Términos legales | Condiciones de uso
Búsqueda avanzada
Copyright @ Diario El Universal C.A. 2007