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Caracas, domingo 22 de mayo, 2005  
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OPINION
La Pdvsa de hoy, un crimen cuantificable e imperdonable

PEDRO MARIO BURELLI BRICEÑO

El revuelo que se ha creado en torno a lo que ocurre dentro y en el entorno de Pdvsa está más que justificado, aun cuando es tardío e inclusive quizás inútil a estas alturas de un perverso juego que parece tener como objetivo único purgar toda traza de racionalidad de nuestra sociedad.

Durante su primera campaña electoral Hugo Chávez dio demostraciones elocuentes de que poseía una ignorancia enciclopédica en materia petrolera. Durante los últimos seis años esa deficiencia de origen la ha sabido convertir, como se advirtió en su momento, en una de las gestiones públicas más ruinosas que haya conocido sociedad alguna.

A pesar de ser un país absolutamente dependiente de petróleo, podemos afirmar que el venezolano _quizás por eso de sentirla compleja y ajena_ ha estado poco sumido en lo que ocurre dentro de su principal empresa. El debate petrolero postnacionalización ha sido por lo general esporádico, superficial e inconcluso. La inercia operativa del período concesionario, y el consenso básico que se logró en torno a la nacionalización, nos llevó con pocos tropiezos hasta comienzos del año 1998, cuando el colapso de precios y el ascenso en las encuestas de Hugo Chávez convirtieron a Pdvsa en blanco de todo tipo de acusaciones.

Para una Pdvsa mitificada por rimbombancias como: "La gallina de los huevos de oro" ó "la segunda empresa petrolera del mundo" su autodefensa siempre le fue difícil por eso de no ofender, ó dar credibilidad, a enemigos desinformados. Lamentablemente esta actitud algo pasiva dejaba con frecuencia cabos sueltos que sus adversarios utilizaban como lianas para subsiguientes arremetidas.

A Pdvsa se le tildó, entre otras cosas, de "caja negra" y de ser "un Estado dentro del Estado". Ambas acusaciones producto más de la ignorancia y la indolencia que de un estudio profundo de lo que se denunciaba.

Quizás estos desencuentros también fueron resultado de una realidad difícil de medir ó aceptar para ambos bandos de un debate que, por carecer de integridad, objetividad y continuidad, nos ha resultado costosísimo a todos los venezolanos. La brecha cualitativa que a partir de 1976 se fue generando entre la industria petrolera nacionalizada y la administración pública, incluyendo sobre todo los entes llamados a controlar una empresa y un negocio de la complejidad y magnitud del petróleo, se hizo insostenible en el tiempo. Aun cuando lo deseable hubiese sido un transvase de conocimiento, metodología y cultura del más fuerte al más débil, la realidad de la política nos llevó desde 1999 a una súbita y destructiva igualación por lo bajo.

Hoy por hoy se puede demostrar con cifras y expedientes que Pdvsa es una caja negra sin comillas y un estado descarriado dentro de un estado sin controles. Seis presidentes y casi medio centenar de directores han destruido _o dejado destruir_ casi todo el valor que se fue ensamblando durante décadas con errores pero con muchos más aciertos.

Es risible la acusación de que los problemas de hoy se deben al paro del 2002-2003, ó a un sabotaje del imperio y sus agentes. Lo último no merece respuesta alguna en un corto artículo, pero lo primero es indispensable refutar aquí. Si bien las 18,000 y tantas personas que fueron despedidas participaron activa, ó pasivamente, en el paro petrolero que buscaba un cambio en la dirección política del país es evidente que fue su despido despiadado el que ocasionó el descalabro de la empresa. Imaginemos por un momento cuál hubiese sido el legado del presidente Reagan si como resultado de similar severidad en el caso célebre de los controladores aéreos, se hubiesen producido múltiples accidentes fatales en el espacio aéreo bajo control de manos inexpertas. Lo que esto nos indica es que las acciones de estado no se juzgan solo en su momento sino según sus consecuencias. Y creo que llegó el momento de que Venezuela entera le exija responsabilidades de toda índole a Hugo Chávez Frías, Héctor Ciavaldini, Alvaro Silva Calderón, Alí Rodríguez Araque, Rafael Ramírez, Bernard Mommer y muchos otros que todos conocemos aunque sea de notoriedad.

En 1996, quienes formábamos parte de la Junta Directiva de Pdvsa, realizamos una valoración asistidos de un par de bancos de inversión, tan o mas calificados como esos que usa la "revolución" para sus "estelares" y "muy transparentes" operaciones de recompra de bonos. Dicho ejercicio arrojó un rango de valor de entre 100 y 150 mil millones de dólares. La consolidación del valor superior fue razón de peso para la transformación estructural que se implementó a partir de la segunda mitad del 1997. Creímos que nuestro deber era demostrarles a los venezolanos que la empresa estaba en buenas manos y que lo que en ella se había invertido desde que pasó a manos nacionales había dado y tenía como seguir dando frutos.

Reto a los actuales gestores a contratar a empresas de similar prestigio para valorar ya a Pdvsa. Siendo en teoría de todos los venezolanos, esta corporación ha sido efectivamente y traidoramente saqueada por unos pocos que hoy se encargan de mentir y apuntar a todos lados en un intento inútil de escurrir el bulto y distraer la atención de un crimen que es perfectamente cuantificable y absolutamente imperdonable.

(*) Director Principal Pdvsa (1996-1998)



 
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