ROBERTO GIUSTI
EL UNIVERSAL
Un lugar común muy frecuente en la Cuarta República
eran los señalamientos según los cuales Pdvsa se había
convertido en auténtica caja negra, imposible de auditar,
incluso para los especialistas de la Contraloría. Los directivos
petroleros de entonces solían responder con un argumento
invariable: la Contraloría funciona en Pdvsa y sus técnicos
tienen acceso permanente a los libros contables. Si no se han
denunciado irregularidades en el manejo administrativo y financiero
es porque no lo hay.
Y aunque ahí terminaba la discusión siempre quedaba
en el ambiente un atisbo de duda razonable, si se toma en
cuenta que la empresa funcionó en una esfera, de acuerdo
a una jerarquía y en unos muy determinados espacios,
de difícil acceso para el ciudadano de a pie. De esa
desconexión, que implicaba desconocimiento, brotaba el
resquemor, aun cuando se pueden contar con los dedos de una
mano las denuncias por irregularidades o simple corrupción
en una empresa modelo.
Hoy en día, cuando el lema de la industria proclama
que Pdvsa es de todos, la casi totalidad de los analistas
económicos y petroleros coinciden en afirmar que la
caja negra se convirtió en "una urna negra donde van
a enterrar la empresa".
Señalan que contrario a las cifras de la OPEP, la
Agencia Internacional de Energía, J.P. Morgan o Bloomberg,
que coinciden en la cifra de 2 millones 700 mil barriles
como la producción venezolana, el Gobierno y Pdvsa
insisten en ubicar la cifra en 3 millones 300 mil barriles.
Esa contradicción refleja una total falta de transparencia
en los números de Pdvsa, que se refleja en una entrega
de divisas al Banco Central que no se corresponden con
las cifras de la producción declarada. De manera
que quedan en el aire unos 2.500 millones de dólares
sobre los cuales flota una duda: o nunca existieron porque
la producción es menor a la declarada o hubo desviación
de fondos y fueron al exte rior o cambiados en el mercado
negro.
Sin embargo, tanto el Presidente como Ramírez
han explicado que las transnacionales producen 600 mil
barriles diarios que sacan del país, pagando apenas
el 1% de regalías, versión aceptada por los
expertos como una verdad a medias. "Eso es posible con
las asociaciones estratégicas que producen unos
550 mil barriles. Pero se trata de productos sintéticos,
crudo mejorado con un valor inferior en el mercado al
precio promedio. Y en lo relativo a los convenios operativos,
todo lo que se produce, unos 600 mil barriles, es obligación
de las compañías extranjeras venderlo a Pdvsa".
Citan el hecho de que pocas veces se había registrado
una diferencia tan grande entre la cesta venezolana
y el crudo de referencia WTI y la cesta venezolana.
La causa de esa brecha, que en este momento alcanza
a 9 dólares, se debe a una presencia menguante
de productos en la cesta y al efecto de los crudos
pesados, cada vez mayor, en la mezcla de exportación,
lo cual hace bajar el precio. Advierten sobre una
holgura coyuntural que permite cubrir las ineficiencias
técnicas gracias a unos precios cuya variación,
hacia abajo, provocará huecos en las finanzas
de Pdvsa y en el fisco nacional.