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Caracas, domingo 08 de mayo, 2005  
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ANALISIS / El pueblo democrático enfrenta su única oportunidad
La búsqueda de otro cheque en blanco

Para Chávez, "la democracia no necesariamente es sinónimo de alternabilidad". En esa materia, sin embargo, no está todo dicho. Si la oposición no consigue enterrar el hacha de sus guerras intestinas, nunca podrá erigirse como alternativa para luchar por la alternabilidad

ARGELIA RIOS

ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

La improvisación no es exactamente un signo distintivo del proceso revolucionario. Es cierto que los imponderables constituyen un factor inherente a la política.

No obstante, el presidente Chávez parece asumirlos sin mayor dramatismo. Las situaciones azarosas no le alarman: al contrario, excitan su afán por añadirle un ingrediente épico a toda esta historia del experimento bolivariano. De hecho, en la reciente biogra fía del mandatario, escrita a cuatro manos por Cristina Marcano y Alberto Barrera Tyzka _indispensable para comprender la maciza vocación de poder del comandante_ se delinea la figura de un hombre para quien no existen los atascos insalvables. Además del privilegio de la buena suerte, el jefe de Estado cuenta con una condición adicional: no se amilana ante los obstáculos, los que asume como fascinantes desafíos, en cuya solución emplea siempre la pirueta aconsejada por la circunstancia.

Practicante de lo explícito y de lo ambivalente, Chávez es, sobre todo, un político que no hace concesiones. Un líder fiel a sus objetivos íntimos. Un militante de la paciencia, convencido de que su proyecto _el socialismo_ es, como la venganza: "Un plato que se come frío".

El que tenga ojos
El Presidente, pues, no pierde el foco. Nunca descuida la brújula. Ni siquiera cuando se ha visto urgido de apelar al disimulo. Durante largo rato, la cabriola fue de uso habitual para el mandatario. Amenazante, un día sentenciaba: "El que tenga ojos, que vea", y otro, más allá, administraba antiansiolíticos, lanzando señales en la dirección contraria. El "genio de las emociones" era, además, un mago en la reproducción de la duda. Un alquimista con extraordinarias facultades para camuflar aquello que una vez se conoció como el "proyecto original"... Hoy, sin embargo, Venezuela tiene enfrente a un nuevo Presidente: más directo, más preciso, menos enigmático. La vaguedad es cada día menos frecuente: ahora ya no se cansa de repetir lo que antes se guardaba como un tesoro. Quiere que todo el mundo lo sepa. El país marcha hacia el modelo socialista.

En el futuro, no habrá ricos ni pobres. Los bienes materiales no dignifican al ser humano. Tener dinero es un pecado. Preparémonos para el cooperativismo y la cogestión. El capitalismo está llegando a su fin...

La legitimación
Como se observa, la transparencia se ha estacionado en Palacio. Los hechos duros señalan que no hay motivos para que Chávez continúe falsificando su "proyecto original". La llamada "sociedad democrática" _esa gruesa y estable masa crítica que es el pueblo opuesto al gran salto socialista_ no da muestras de estar dispuesta a reagruparse, a esforzarse, ni mucho menos a superar el capítulo del ajuste de cuentas con sus propios componentes. Con el hacha erguida contra ella misma, negada a reencontrarse en un propósito común, ella se descuartiza en mil pedazos, mientras el jefe de Estado perfecciona un discurso redondo _holístico, por decirlo en su léxico_, a través del cual da los primeros pasos hacia una nueva polarización electoral. La de 2005 _primera parada legitimadora de la radical oferta socialista_, y la de 2006, cuando Venezuela llegará, de la mano de Chávez, no a un simple acto de elección presidencial _como tantos creen con ingenuidad_, sino a un auténtico referendo consultivo _esta vez de carácter vinculante_, en torno al modelo político-económico que ya se encuentra en su fase inicial de ejecución...

Para siempre
Hombre prevenido, el jefe bolivariano busca transformar este momento de inercia y confrontación intestinal de sus adversarios en la preparatoria de una espectacular ruptura. Un corte yugular que, en lo sucesivo, extinguirá _quién sabe por cuántos lustros_ todo juego político destinado a disputarle el poder a la nomenclatura socialista... Salvo las circunstancias fortuitas _todas dependientes del cese de las hostilidades opositoras y de la formación de su espíritu unitario_, nada está fuera del manifiesto guión colocado en la vitrina.

Chávez, hay que repetirlo, ya no tiene el menor interés por la simulación. El futuro ha sido dibujado con trazos nítidos. El "para siempre" que el Presidente añadió a su viejo "por ahora", cobra cada vez más sentido. No sólo por la reforma constitucional pendiente, postergada para 2007, en cuyo texto se consagraría la reelección indefinida del jefe de Estado. Añádase a ello lo que el Presidente dijo sin rubor en diciembre de 2005: "La democracia no necesariamente es sinónimo de alternabilidad". No al menos la "democracia participativa", llamada _según las más recientes palabras del comandante Fidel Castro_ a instrumentar nuevas formas de participación, distintas a ese prescindible "mecanismo liberal burgués", que es el voto...

Incrédulos
Así, poco a poco, la democracia adquiere la consistencia de una goma desechable: por algo Jorge Valero le sugiere a José Miguel Insulza convertir a la OEA en la plataforma donde sea admitida la amplia variedad de modelos "democráticos", surgidos a la sazón del desastre político, social e institucional del hemisferio. Y ello porque el vocablo sugiere la hermosa definición de la que carecen los gobiernos urgidos de apellidarla. Debe admitirse, sin embargo, que el asunto implica abstracciones inútiles en un debate donde abundan los lugares comunes de poca monta y los intereses del pragmatismo... Quizás es la profunda complejidad de lo intangible lo que explique el frío comportamiento de esa ancha y persistente franja de venezolanos definitivamente contraria al socialismo. Algunos porque tienden a pensar que tal giro nunca ocurrirá. Otros tantos por causa de su propio desatino. Allí caben los que aseguran que ya no hay nada qué hacer. También los que quieren que el país toque fondo. Los que creen necesario el apocalipsis nacional y la fatalidad, a la que identifican como la forzosa antesala de la emergencia de una alternativa novedosa. Los que piensan que Venezuela debe pagar el costo justo para conseguir la extinción de todos los vestigios del pasado. Otros justifican su apatía en la espera de la compasión externa y de la solidaridad de la FAN... En fin, todos ellos, a su manera, desestiman las características de lo que pudiera ocurrir después de la legitimación electoral del socialismo, en ese procedimiento gradual que tendrá lugar entre diciembre de 2005 y diciembre de 2006.

Otra transición
No cabe dudas de que el país ya se encuentra otra vez en "la transición". Una transición similar a la que se produjo tras el "momento constituyente", a propósito del cual Chávez obtuvo el cheque en blanco que desea obtener de nuevo en las urnas, donde se decidirá la oferta electoral que ha expuesto con evidente anticipación: el socialismo. Esa explanada en la que Venezuela aterrizará inexorablemente, con o sin abstención, tal cual como ocurrió aquel lluvioso 15 de diciembre de 1999, cuando una minoría porcentual de la población le dio el visto bueno a la Carta Magna de la República Bolivariana. Completado el trámite de la emisión de ese cheque en blanco, las puertas y ventanas de la política se exponen a quedar virtualmente clausuradas. En ese caso, sería más difícil el parto de esa generación de relevo a la que se aspira y por la cual tantos prefieren hoy evadirse, convencidos de que "no hay más nada que hacer". El caso es que, en ese cuadro postelectoral, la organización del pueblo democrático podría transformarse en una quimera. Las condiciones para el reagrupamiento y el reencuentro de los adversarios del modelo en estreno adquirirían una extrema precariedad. La energía crítica frente al socialismo no tendrá a su disposición canales libres para constituirse en un movimiento compacto y poderoso... El tiempo _contado en apenas unos cuantos pocos meses_ juega contra quienes se oponen a la revolución, cuyo urgente desiderátum es, definitivamente, la unidad.

Unidad indispensable
La unidad, sin embargo, no es en modo alguno esa necesidad que tantos reducen a lo electoral: ésa es apenas la consecuencia natural de la otra, de la verdadera unidad. La de propósito. La espiritual. La del desprendimiento. La unidad comprendida como herramienta superior y como arma para enfrentar el sentimiento de indefensión de la gente. Ese sentimiento es madre del reacomodo y de la coaptación, que a su vez es efecto directo de las contradicciones y, también, debe señalarse, de los esquemas paralizantes... En esa unidad, son los propios opositores quienes habrían de repetirse, una y otra vez, la consigna del "aquí cabemos todos", sin exclusiones antipáticas. Sin presunciones de superioridad y sin evasión de las responsabilidades compartidas en los fracasos. En ella no pueden existir los oponentes buenos y los oponentes malos. Tampoco las etiquetas que confrontan al pasado con un futuro tan inexistente como incierto en esta coyuntura. Ni las agendas ni las descalificaciones radiactivas, que sólo son pruebas de la incapacidad para debatir y de la ausencia de entidad para reclamarle al país _y al entorno externo_ su reconocimiento como opción atractiva y real de poder. Se trata de una unidad de acero que, por su robusta consistencia, represente en sí misma una alternativa sugerente. Una esperanza en cuya construcción cada cual tenga una relevancia invalorable. Un peso intrínseco. La unidad, comprendida bajo este espectro amplio, es el pasaporte para reivindicar la existencia tangible e inocultable del pueblo democrático. Es el paso previo para recuperar la legitimidad y el status respetable de las voces que aspiran a un cambio del cambio.

Unica oportunidad
Desatender el desafío de la unidad representa, por el contrario, aceptar sin esfuerzo la atomización, que no garantiza fuerza, ni convocatoria, ni capacidad de reacción, ni credibilidad. Tan sólo la pulverización a la que el presidente de la República acaba de aludir, reconociendo que es ese el camino por el cual se conducen hoy sus contrarios. En medio de semejante cartel, pierden parte de su sentido las discusiones entre abstencionistas y pro participativos. Ese dilema desconoce y oculta la complejidad del fondo. De alguna manera es extemporáneo, pues se está intentando descifrar una conveniencia, sin resolver el aspecto clave del que depende en realidad el éxito y la eficiencia de cualquiera de los dos caminos, o incluso de otros indescifrables por ahora. Ninguna de esas rutas es viable si a ella no se llega tras el ensayo de un debate alrededor de la unidad y de los presupuestos que la harían posible. Un debate donde unos y otros se reconozcan como parte de un propósito compartido. Donde dominen los razonamientos políticos con sus causas y efectos, y no los prejuicios irreductibles frente a uno u otro "pensamiento único"... Ese escenario _cuyo carácter idílico describe el tamaño del reto_ es el único que descolla como una oportunidad para que la oposición logre transformarse en una opción atractiva a los ojos de todo el país, y no sólo de una de sus fracciones.

La alternabilidad
Convertirse en opción de poder posee una importancia vertebral para los adversarios del régimen, pues sólo siendo ella una alternativa competitiva, podrá entonces reclamarle a Chávez la alternabilidad democrática sobre la cual el Presidente no está convencido. En definitiva, la unidad es el máximo requerimiento para que los contrarios al socialismo puedan obligar a Chávez _en una batalla política sin precedente en el reciente pasado_ a optar por otra senda. Las energías dispersas no representan una potencia ni una opción de resistencia. No es cierto que en política haya situaciones irreversibles. Sin duda, el Presidente está preparado para este imponderable porque sabe que por ahí podría deshilachársele el "proyecto". ¿Estará dispuesta la oposición a aprovechar la única veta que le queda? ¿Mostrarán sus múltiples y variados componentes capacidad para entenderse en beneficio de una oferta superior a la socialista? ¿Serán conscientes de que, de alguna manera, el futuro de la alternabilidad también depende de ellos?



 
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