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| Caracas, domingo 08 de mayo, 2005 | |||||||||||
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Carlos Blanco // Tiempo de palabra Elogio de la pobreza Los revolucionarios antiguos solían ser seres especiales, tenidos como ascetas. En la era que parió un corazón, la imagen heroica y desprendida del Che Guevara representaba el tipo. Heroico, aguerrido, misericordioso, desprendido; sin que estas características le impidieran apretar el gatillo para regar de sangre la obra redentora. Hugo Chávez, que proclama su condición revolucionaria es, tal vez, la contrafigura más grotesca de esta cháchara piadosa. Es un personaje que representa la riqueza súbita; el que se encuentra una mochila llena de billetes y pierde los tiempos y las referencias. El que ensalza a los pobres desde la opulencia de la fortuna estatal que no le pertenece ni se ha ganado.
EL NUEVO RICO. Una de las características centrales del proceso militar, con pretensiones revolucionarias, que se desarrolla en Venezuela es la disolución de la frontera entre lo estatal y lo privado. La separación entre los bienes del Estado y los de la bolsa privada es una de las condiciones esenciales de surgimiento del capitalismo moderno; de ese modo, emerge una esfera autónoma de lo económico separada de lo estatal-político. Resulta que cuando el objetivo presuntamente revolucionario subordina al Estado de Derecho y también a la esfera de lo privado, entonces lo perteneciente al Estado puede trasegarse a lo privado si la revolución lo demanda. En ese contexto, la corrupción no es corrupción, sino uso de fondos públicos para defender, sostener o conquistar el objetivo salvador. El robo no es robo, ni la malversación es malversación, sino la puesta de la defensa del proceso en el primer lugar de los valores. Si un oficial maneja una mochila de millones fuera de presupuesto y de rendición de cuentas, es la urgencia revolucionaria la que manda; si Pdvsa financia las movilizaciones para los actos de adoración al Presidente, nada más natural que aquello para fortalecer la relación entre el caudillo y su pueblo. Si llegan unos personajes que compran casas, automóviles y otros enseres a punta de bolsas llenas de dinero, eso no es robo propiamente dicho sino esquemas de redistribución del ingreso. Si hay cuentas en el exterior financiadas con la incuria en el manejo de dineros públicos, se trata de la necesaria salvaguarda por si llegaren tiempos de penurias ante la ofensiva imperialista. Es el propio Chávez quien representa con más colorido la naturaleza de lo que acontece. Vive como un rico aunque no tenga bajo su propiedad ni siquiera el catre donde duerme. Como Fidel, que no posee nada y, en realidad, lo posee todo. El diputado de Proyecto Venezuela, Carlos Berrizbeitia, ha sido uno de los parlamentarios que ha hecho un aporte más sustancial a la documentación de las menguas de esta era. Lleva la cuenta en miles de millones de bolívares de lo que le cuesta Chávez a los venezolanos. Los viajes exuberantes, los gastos presidenciales, los trajes, la tintorería y los licores, y otros ingredientes de su manera de vivir. No se trata de la asunción de los gastos presidenciales por parte del Estado, cosa más o menos normal, sino de la traducción de esos gastos en un personaje que ostenta en sus relojes y trajes, en "su" avión y en la forma en la que maneja el presupuesto público, la condición típica del nuevo rico. Cuando el Presidente, en sus jornadas retóricas cuasidiarias, ordena a sus colaboradores que asignen millones aquí y allá, hagan estas o aquellas obras, sin orden ni concierto alguno, expresa el típico comportamiento de los viejos dictadores latinoamericanos, ahora con un barniz de petróleo crudo. El hombre adquiere un exótico toque de jeque próspero y derrochador.
LA POBREZA COMO COARTADA. El nuevorriquismo imperante, cuyo tono lo asienta la figura de Chávez, tiene como paradójico mensaje el amor irrefrenable hacia los pobres. Apenas desciende del avión de 70 millones de dólares o mira su reloj oligarca, el personaje se despepita sobre su defensa a los pobres y de cómo los insensibles dirigentes del pasado no palpitaban de la misma manera. Tan convincente ha sido su mensaje, que algunos dirigentes oposicionistas le conceden al régimen su preocupación por los pobres y reconocen que la voz presidencial se ha transmutado en la voz de los desposeídos. Examinado más a fondo el tema, ciertas fisuras emergen en el ropaje filantrópico oficial. Las cifras del INE revelan que entre 1999 y 2004 la pobreza aumentó en 10%; puede ser más, pero admítanse para los efectos del razonamiento esos guarismos. El desempleo se mantiene alto, a pesar de que el inmenso gasto público lo ha atenuado temporalmente. La inflación sigue siendo la más elevada de América Latina, aun con controles de cambio, de precios y de tasas de interés. La depauperación social es inmensa y ha sido muy elevada durante el actual régimen, sólo mitigada por un gasto público masivo y sin control. Sin embargo, ese gasto, incapaz de crear empleo productivo y estable, ni tampoco de proveer salarios decentes con seguridad social, en la práctica lo que hace es reproducir y profundizar la pobreza. Hoy los pobres, sean chavistas o no, son pobres más crónicos que ayer. La pobreza ya no es un objetivo a superar, sino un rasgo revolucionario a conservar. Lo que se compra con el gasto público no es la posibilidad de cambiar la condición social sino la reconciliación del pobre con esa condición. La idea de una sociedad productiva, en la que los ciudadanos puedan promover empresas rentables y modernas, o que puedan ser trabajadores que obtengan salarios dignos con protección social garantizada, es totalmente contraria a la idea de empobrecer masivamente a los individuos como condición para la equidad. En realidad, los pobres son una inmensa coartada para darle legitimidad social a un régimen incapaz de cumplir los objetivos sociales que proclama. La preservación y ampliación de la pobreza, amortiguada con el gasto público para que no se rebele violentamente, es un objetivo real del régimen.
SOCIALISMO A LA MEDIDA. Chávez ha revelado su pasión socialista. Descubre tardíamente los néctares del marxismo-leninismo y sus promesas. Hasta puede que sea sincero. Sin embargo, la proclamación socialista que hace con tanta audacia como ignorancia, es la necesaria cobertura argumental para los procesos de depauperación masiva de la sociedad. Ser pobre no sólo es bueno en términos morales al revelar _supuestamente_ carencia de egoísmos, sino que ser pobre constituye la base social para construir el socialismo bienhechor. El problema es que el programa socialista choca con la propia imagen de padrino próspero, tarambana y nuevo rico del Presidente, así como con la nueva clase que se ha generado al amparo del militarismo de izquierda que se refocila en el presupuesto público. Más pronto que tarde la imagen de riqueza de los que mandan y la pobreza anestesiada de un sector de los de abajo entrarán en conflicto. Ese conflicto no necesariamente liquidará al régimen; pero, sin duda, lo averiará en forma colosal.
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