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Caracas, sábado 07 de mayo, 2005  
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OPINION / Hoy sábado
Miguel Sanmartín // Avanza la revolución


Lo que está pasando estaba previsto que ocurriera. Era de esperar. Es tal el cúmulo de evidencias que no hay forma de ponerlo en duda. La sorpresa, en todo caso, es que comenzó antes de lo que algunos habían imaginado. En efecto, el augurado proceso está en marcha. Y no es precisamente a paso de vencedores. ¿Para dónde va? Es una de las interrogantes que aún no tienen respuesta. Todos los días, incluso ahora desde las entrañas mismas de la jungla endógena, emanan fétidos olores que confirman el acontecimiento: el proyecto socialista del siglo XXI, también llamado mar de la felicidad, se desmorona. Lenta pero inexorablemente.

¿Cuánto tardará esto en hacerse trizas? No puede predecirse todavía. Pero tampoco nadie se atreve, a la luz de los hechos, a navegar contra la percepción colectiva. Lo que hace sólo meses parecía sólidamente instaurado, invencible, comienza a fisurarse y el descalabro parece inevitable.

El sueño hegemónico y militarista del llanero andante, el delirio continetal lisonjeado desde La Habana, no será posible sin el chorro de Pdvsa. Y hoy son muchas las causas que lo taponan. La principal es la impericia de mucho personal gerencial, técnico y obrero y la politización de la petrolera. Garrafal, con un costo altísimo para la empresa y el país, fue la purga visceral de la experimentada y muy bien preparada plantilla que operó Pdvsa hasta 2003. Por otro lado, las pugnas grupales, el abandono de planes de mantenimiento de instalaciones y equipos, la corrupción y el descontrol operativo y financiero, están pasando factura, una muy costosa factura que, a mediano plazo, cuando a estos factores se incorpore una eventual caída en los precios del crudo, reducirá sustancialmente los ingresos económicos de la corporación. Sin esos recursos la revolución se tambaleará. El sueño neocomunista devendrá en pesadilla. Sin churupos petroleros no será posible sostener el desbordado gasto público y, sin la ficticia sensación de bienestar, se acabará el amor que me juraste.

A la lista de agentes corrosivos que diluyen la productividad de Pdvsa _combustible que motoriza la carreta revolucionaria_ se añade la inseguridad jurídica. Todos los días el régimen promulga más leyes intervencionistas, modifican términos contractuales y aumentan los controles e impuestos. Esto aleja la inversión extranjera, indispensable para mantener activo el balancín que mueve la economía.

Además de la ya inocultable debacle de Pdvsa, otras poderosas fuerzas arremeten contra las bases del "proyecto socialista". Quizás la más severa de ellas sea la "cómica", como el amo catalogó la batalla de epítetos y descalificaciones entre abanderados de distintas corrientes del chavismo.

Quebrados los partidos y dirigentes opositores, el oficialismo se volvió contra sí mismo. Ahora las reyertas a chuzo son entre ellos. Se aniquilan unos a otros. Civiles contra militares. Objetivos: halagar al caudillo, demarcar zonas de influencia _poder, negocios_ y asomarse a la sucesión.

Además, está el desmoronamiento del país. Se cae a pedacitos. Pocas cosas sirven o funcionan. El deterioro urbano y las montañas de basura en Caracas son reflejo de la incompetencia del régimen. Como lo es el descalabro económico y social. Y la restricción de las libertades y derechos ciudadanos. El malestar de la gente, incluso la chavista, es creciente. ¿Hasta cuándo aguantará? Amanecerá y veremos.

msanmartin@eluniversal.com

 




 
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