A cuenta de ver sus pronósticos cumplirse, Prodigio Pérez
se nos está volviendo engreída. La más reciente
confirmación de su calidad como analista política
se refiere a la verificación empírica de la portentosa
tesis que lanzó en 2004, según la cual el peor enemigo
que tenía el Gobierno era la oposición endógena.
En un papel de trabajo elaborado por mi amiga, la politóloga,
se afirmaba que luego del bochorno aquel del fraude perfecto
y del cisne negro _que fue el canto de ídem de la Coordinadora
Democrática_, el chavismo parecía empeñado
en suicidarse en primavera, en oponerse a sí mismo, por
la vía de la desidia, la ineptitud y la corruptela florecientes
tanto en los viejos ministerios como en las nuevas misiones.
Observaba Pérez que el principal denunciante de esta
situación era el presidente Chávez, quien, protagonizando
una rarísima peripecia en los anales de la Política,
se había convertido en el líder de la oposición
a su propio gobierno, actuando como el más severo crítico
de sus ministros y otros subalternos.
En ese entonces no faltó quien dijera que tal tesis
era frívola y hasta estúpida. Pero Prodi no
es de las que le presta atención a público de
galería (ni de correo electrónico) y cuando
lanza una tesis _así se siente de sobrada_ sabe que
es cuestión de esperar un tiempo prudencial para
que numerosos analistas, opináticos, matriceros de
opinión y miembros de la Alianza de Articulistas
Antichavistas (la venerable Triple A) comiencen a descubrir
el agua tibia, es decir, a repetir lo que ella ya ha dicho,
y encima poniendo cara de genios incomprendidos.
De un tiempo a esta parte, los hechos que comprueban
su hipótesis de trabajo han comenzado a volverse
moneda de uso corriente: Bernal contra Barreto; Iris
contra Manuitt; emeverristas amazonenses contra Liborio;
grupos taladrándose el piso mutuamente en Pdvsa;
chismes que vienen, chismes que van. En fin, un verdadero
núcleo de desarrollo autosustentable que en lugar
de hortalizas organopónicas cultiva odios y resentimientos
para consumo exclusivo de compatriotas y camaradas.
El fenómeno _dicho sea de paso_ alegra la magra
vida de los opositores sin rumbo, les da un respiro.
La depresión que le debe haber causado al antichavista
común ver el otrora gigantesco desfile de la
CTV reducido a una cuadra de "obreros" con franelas
de Primero Justicia fue mitigada por las invectivas
y sermones del presidente Chávez, reveladores
de la magnitud de la crisis entre los inequívocos
caciques del emeverrismo capitalino y, a la vez, presuntos
alcaldes caraqueños.
El Presidente, con esa capacidad innata que tiene
para remacharles nombres a las gentes y las cosas,
apeló a la expresión "poner la cómica"
para ilustrar el brete particular de Barreto y Bernal.
Pero, a juicio de la analista, el síntoma
más grave de lo extendida que está la
oposición endógena fue la abortada renuncia
de Néstor Francia a La Hojilla, un episodio
que _sin querer competir con el Presidente_ podría
bautizarse "cómica adentro", porque la pusieron
dentro de un antiprograma especializado en destacar
las cómicas ajenas.
clhernandez@eluniversal.com