En la revista brasileña Veja, Diogo Schelp señala que hay presidentes de izquierda en Brasil, Argentina, Chile y Uruguay, lista que pronto podría incluir a Perú y México. Aunque forman un grupo heterogéneo, Schelp opina que ninguno de estos mandatarios representa un peligro para sus pueblos y vecinos. "Curiosamente, el único Presidente de los países americanos que es una bomba de efecto retardado, el coronel de paracaidistas Hugo Chávez, no puede ser clasificado como izquierdista".
El autor considera que Chávez representa un peligro para la democracia y la estabilidad en América Latina por tres motivos. "El primero es que, evidentemente, no se conforma con atormentar al propio venezolano, sino que comienza a extender sus tentáculos... en el continente americano. Segundo, porque para impulsar su expansionismo cuenta con el dinero fácil de los petrodólares. Tercero, Chávez está sembrando insurrección e inestabilidad en países que, si bien son nominalmente democráticos, aún luchan para consolidar sus instituciones".
Para Schelp, Chávez ha tratado de iniciar en su nación la construcción de una versión extemporánea del régimen totalitario cubano. Considera que Castro "sí es un izquierdista auténtico, un fósil de la Guerra Fría que sobrevive en su Isla como un capataz magnánimo, aunque represor".
Schelp cita los cinco motivos enumerados por el politólogo mexicano, Adrián Gurza Lavalle, por los cuales Venezuela ya no puede ser considerada un Estado democrático: 1. La desaparición de la autonomía de los poderes; 2. El amordazamiento de la oposición; 3. La autocensura que aplica la prensa debido a la ley mordaza; 4. Las cambiantes reglas del juego político; 5. El irrespeto a la propiedad privada.
El autor se siente escandalizado por la revocación de la presunción de inocencia en el nuevo Código Penal. "Abolir garantías individuales como ésa fue justamente una de las primeras acciones de Castro... Chávez muestra una necesidad casi patológica de exhibirse como un clon de Castro, el decano de los dictadores. Ambos se muestran con uniformes militares y dan discursos que duran horas, mezclando banalidades con asuntos de Estado".
Cuba, según Schelp, nunca pudo mantenerse sin la ayuda multimillonaria de la extinta Unión Soviética, y "ya se habría desmoronado sin la ayuda financiera de Chávez. Fidel idolatra al presidente venezolano. Ve en él la última oportunidad de dejar a su pueblo una herencia menos amarga".