GRECIA ALTUVE PERNIA
MARIANGELA LANDO BIORD
EL UNIVERSAL
El polaco ya no se escucha en los pasillos, y de las cocinas
del Palacio Apostólico no emanan más los olores a
pirozki, patés, sernik, pastel de queso o pescado en gelatina
que tanto le gustaban al papa Juan Pablo II.
No, los tiempos han cambiado. Ahora se habla alemán
por doquier, y en las cocinas sólo se preparan brotchen,
gulash, rodilla de cerdo, sauerkraut, wursts, apfelstrudel
y platzchen.
Todo al gusto de Benedicto XVI.
Así que el Palacio Apostólico se llenará
de los aromas y los sonidos no sólo de la Baviera
natal de Joseph Ratzinger, sino de toda Alemania.
Al Santo Padre le agrada Mozart, y en su apartamento
de cardenal solía tocar su viejo piano para relajarse.
Pero aunque el equipo más cercano al Pontífice
es germano, los altos cargos en el Vaticano siguen
en manos del mismo equipo conformado por Karol Wojtyla.
Benedicto XVI confirmó en sus despachos a
los italianos Angelo Sodano (secretario de Estado),
Giovanni Lajolo (secretario de Relaciones Exteriores)
y Angelo Scola (patriarca de Venecia), así
como al argentino Leonardo Sandri (vicesecretario
de Estado), todos cercanos a su antecesor, al igual
que Ratzinger.
El único cargo vacante, la Congregación
para la Doctrina de la Fe (que antes ocupaba Ratzinger),
podría ser ocupado por un cardenal germanoparlante,
el austríaco Christoph Schoenborn, uno de
los principales "papables" europeos del cónclave.
En el Vaticano no había un Pontífice
germano desde Adrián VI, electo en 1522
y muerto en 1523, y que fue también el
último papa extranjero hasta 1978, cuando
el cónclave designó a Wojtyla como
heredero del trono de san Pedro.
Ahora banderas alemanas ondean con alegría
en todas las ceremonias al aire libre. Alemania
será el primer país que visite el
Santo Padre. Y fueron germanos los primeros
grupos en tener audiencias privadas, y los
más numerosos en la entronización
de hace una semana.
Y es que todo ha cambiado en el Vaticano,
no solamente el Papa.