Traunstein, Alemania. El cardenal Joseph Ratzinger
irritó a algunos católicos romanos alemanes por el
celo con que quiso imponer las enseñanzas tradicionales
de la Iglesia. Pero en la región alpina de Baviera, altamente
conservadora, es un hijo pródigo que muchos piensan será
un buen Pontífice.
"Sólo alguien que conoce las tradiciones puede moldear
el futuro", sentenció el reverendo Thomas Frauenlob,
director del seminario de Traunstein, donde estudió Ratzinger,
señaló AP.
Nació en Marktl Am Inn, el 16 de abril de 1927, pero
su padre, un policía, era trasladado con frecuencia
y la familia se mudó cuando tenía dos años.
El religioso pasó en Traunstein los difíciles
años de gobierno nazi y de la Segunda Guerra Mundial.
En 1941, Ratzinger, de 14 años, y su hermano mayor,
Georg, se enrolaron en las Juventudes Hitlerianas, cuando
se convirtió en algo obligatorio para todos los
adolescentes, organización de la que fue excusado
al expresar su deseo de ser sacerdote.
En 1943, fue reclutado para integrar una unidad antiaérea
y enviado a Múnich. Un año después
fue dado de baja y enviado a la frontera austro-húngara
a construir barreras para tanques.
Desertó del Ejército alemán en mayo
de 1945 y regresó a Traunstein, en una actitud
arriesgada, ya que los desertores eran ejecutados
en el momento, o ahorcados en público.
A su llegada a Traunstein, fue apresado por soldados
estadounidenses y estuvo varias semanas en un
campo para prisioneros de guerra. Al recuperar
la libertad, regresó al seminario.
Fue ordenado sacerdote, junto con su hermano,
en 1951. Luego pasó varios años enseñando
Teología. En 1977 fue designado arzobispo
de Múnich y tres meses después Pablo
VI lo nombró cardenal.
Juan Pablo II le encomendó la prefectura
(dirección) de la Congregación para
la Doctrina de la Fe, sucesora moderna de
la Santa Inquisición, en 1981. Sobre
sus hombros recayó la responsabilidad
de vigilar el cumplimiento de la ortodoxia
católica.
Desde ese cargo, Ratzinger disciplinó
a los sacerdotes latinoamericanos de la
"teología de la liberación", denunció
la homosexualidad, el aborto y los anticonceptivos
y presionó a los curas asiáticos,
que veían a las religiones no cristianas
como parte de un plan de Dios para la humanidad.
En un documento de 2000, calificó
a las otras iglesias cristianas como deficientes,
sorprendiendo a anglicanos, luteranos
y otros protestantes que han mantenido
un diálogo ecuménico con Roma.
En 1991 se recuperó de una hemorragia
cerebral que le obligó a permanecer
hospitalizado durante diez días
en la Clínica Pío XI de Roma.
El nuevo Patriarca de Occidente es
un buen pianista a quien le encanta
Mozart. Habla diez idiomas, incluidos
italiano e inglés.