Roma. Un grupo numeroso de cardenales suscribieron
una carta en la que solicitan al futuro Pontífice la beatificación
"en un tiempo breve" del fallecido Juan Pablo II, según
informó el diario italiano Corriere della Sera.
El periódico aseguró que la misiva "ya está
en manos del cardenal Joseph Ratzinger", el decano del Colegio
Cardenalicio, después de haber sido firmada por "muchos,
pero no todos" los purpurados, citó Efe.
En la carta, siempre según el rotativo, piden al futuro
Pontífice que "acelere" en la medida de lo posible
la beatificación de Juan Pablo II, después de
que durante su funeral fuera aclamado con gritos de "santo
ya" por la multitud.
El mensaje de los prelados será entregado por Ratzinger
al sucesor de Karol Wojtyla.
El Corriere della Sera no precisó cuántos
purpurados han suscrito la misiva, pero indicó
que quienes no la han firmado "no se oponen a la idea
de la beatificación de Juan Pablo II, pero dudan
de la competencia de la Congregación de Cardenales
_que es un órgano provisional_ en esta materia".
También consideran que "no conviene ejercer
ninguna presión sobre el futuro Papa", añadió
el diario.
Entre algunos, continúa, se impone también
la idea de que las consignas de "santo ya" lanzadas
por la multitud durante el funeral no eran del todo
espontáneas, dado que se vieron pancartas con
ese lema los días anteriores tanto entre los
fieles congregados en el Vaticano como en otros
puntos importantes de Roma.
La aclamación que tuvo lugar durante los
funerales ha abierto el camino a la idea de una
beatificación rápida, o incluso a la
canonización, este mismo año, tal y
como indicó el secretario de la Congregación
para las Causas de los Santos, el arzobispo Edward
Nowak.
Sin embargo, para que Juan Pablo II sea proclamado
santo este mismo año el nuevo Papa debería
reconocer como válida la aclamación
popular, una regla de la antigua Iglesia hoy
en desuso, y eso es algo que muchos cardenales
consideran inverosímil.
Normalmente la beatificación, previa
a la canonización, sólo puede comenzar
cinco años después de la muerte
de la persona a la que se desea elevar a la
gloria de los altares, aunque el plazo puede
ser reducido por el Papa.