CARACAS, lunes 04 de abril, 2005 | Actualizado hace
El cardenal Jorge Bergoglio, mencionado con uno de los prelados
latinoamericanos mejor posicionados para suceder a Juan Pablo
II, es un jesuita austero, que lleva una vida discreta y cultiva
el bajo perfil.
Su designación para ocupar el sillón de San Pedro
sería la primera de un jesuita para dirigir la
Iglesia Católica que jamás estuvo a cargo de un
representante de la Compañía de Jesús, aunque
algunos expertos señalan que León XIII (1878-1903)
tenía formación jesuita.
Arzobispo de Buenos Aires y primado de Argentina, este hombre
de 68 años tímido y de pocas palabras, que
desde su juventud vive con un solo pulmón, goza de
un gran prestigio entre sus seguidores que aprecian su total
disponibilidad y su forma de vida, alejada de toda ostentación.
Es también un ''wojtyliano puro'', estima Sergio Rubin,
el cronista de temas religiosos del diario Clarín,
en referencia al último Papa.
Al igual que Juan Pablo II, Bergoglio es ''conservador a
nivel de la doctrina y progresista en materia social''.
El prelado es ''un crítico severo del Fondo Monetario
Internacional y del neoliberismo'', según Rubin.
Bergoglio nació el 17 de diciembre de 1936 en el seno
de una familia modesta de la capital argentina, hijo
de un trabajador ferroviario de origen piamontés
y de una ama de casa.
Asistió a la escuela pública de donde egresó
como técnico químico y a los 22 años
se une a la Compañía de Jesús, donde estudia
Humanidades y obtiene una licenciatura en Filosofía.
Tras incursionar en la enseñanza privada, comienza sus
estudios en Teología y se ordena como sacerdote
en 1969.
Menos de cuatro años después, a los 36 años,
fue designado responsable nacional de los jesuitas argentinos,
cargo que desempeña durante seis años.
Es en los años difíciles, durante la dictadura
militar argentina, cuando Bergoglio, un convervador,
debe mantener a toda costa la unidad del movimiento
jesuita taladrado por la teología de la Liberación
bajo la consigna de ''mantener la no politización
de la Compañía de Jesús'', relata su portavoz
el sacedote Guillermo Marco.
''El ha sido el gran salvador de los jesuitas al frenar la
hemorragia y evitar la profundización de la crisis'',
estima Rubin al destacar que el accionar de Bergoglio
de entonces sigue siendo motivo de controversia dentro de
los sectores de izquierda.
El futuro cardenal viaja luego a Fribourg, Alemania, donde
obtiene su doctorado.
A su regreso retoma la actividad pastoral como simple sacerdote
de provincia en la ciudad de Córdoba, a 700 kilómetros
al oeste de Buenos Aires.
En mayo de 1992, Juan Pablo II lo nombra obispo auxiliar
de Buenos Aires y comienza a escalar rápidamente
en la jeraquía católica de la capital: es
vicario episcopal en julio de 1992, vicario general en 1993
y arzobispo coadjutor con derecho de sucesión en
1998.
Se convierte luego en el primer jesuita primado de Argentina
y en febrero de 2001 viste finalmente el púrpura
de cardenal.
Pese a esta meteórica carrera, sigue siendo un hombre
''muy humilde'' y cultiva ''un bajo perfil''. No posee
automóvil, se desplaza mediante el transporte público
y renuncia a ocupar la suntuosa residencia de los arzobispos
de Buenos Aires.
Su rutina comienza a las 4 y media de la mañana y termina
a las 9 de la noche, una hora bien alejada de los hábitos
argentinos. Lleva ''una vida más bien austera'',
resume el sacedorte Marco.
Se dice que siempre está atento a las necesidades de
sus subordinados que pueden acceder a él en todo
momento mediante una línea telefónica directa.
No concede entrevistas periodísticas, pese a ser un
ávido lector de la prensa -lee a diario el periódico
conservador La Nación- y a que ha puesto en marcha
un eficaz servicio informativo.
Alicia de Oliveira, la amiga que fue salvada por Bergoglio
de manos de los militares, dice que es un hombre ''de
una extrema normalidad'', de una gran riqueza afectiva
y destaca su disponibilidad permanente.
Pero no se explaya: ''respeto su deseo de mantener un bajo
perfil'', subraya.
Se sabe sin embargo que es un gran lector de Jorge Luis Borges,
Leopoldo Marechal y Dostoievsky, amante de la ópera
y fanático del club de fútbol San Lorenzo,
curiosamente fundado por un sacerdote.
El prelado argentino ha visto crecer su reputación entre
sus pares por su trabajo como redactor adjunto del informe
final sobre el sínodo de octubre de 2001.
El redactor principal, el arzobispo de Nueva York Edward
Egan, no pudo concretar su misión debido a los
atentados del 11 de setiembre de 2001 y fue el cardenal
argentino quien tuvo a su cargo lo esencial del trabajo.
Fuente AFP
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