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Caracas, viernes 01 de abril, 2005  
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GRANDES LIGAS
Dos décadas de actividad felina

Nuevamente, traza la mirada al horizonte, porque ahora es cuando el Gran Gato tiene vidas
(Foto Archivo)
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Andrés Galarraga desarrolló una carrera caracterizada por venir siempre de menos a más

ALFREDO YANEZ MONDRAGON

EL UNIVERSAL

Las cualidades felinas de Andrés Galarraga siempre estuvieron presentes a lo largo de su carrera deportiva. La flexibilidad con la que se desempeñaba en la inicial le valió ese mote, lo mismo que las etapas en las que podría dividirse su paso por el mejor beisbol del mundo. Siete momentos, o lo que podrían ser las siete vidas del Gato.

1. Debut tardío

Diez mil bolívares recibió Andrés Galarraga como bono por firmar para los Leones del Caracas, corría el mes de octubre de 1978. Su debut se dio el 4 de noviembre de ese año, recibió una base por bolas. Un mes más tarde, en el estadio José Bernardo Pérez, en Valencia, conectó su primer hit con el uniforme felino. El último día de esa campaña sacudió su primer jonrón, ante Luis Mercedes Sánchez.

Cerró su actuación con cinco hits en once turnos, para .455 de promedio, y su principal problema, el sobrepeso, fue paliado con casi veinte kilos menos a lo largo de los tres meses que duró la zafra.

Con este antecedente, Felipe Rojas Alou, manager de los Leones lo firma para los Expos de Montreal.

La llegada al equipo grande debió esperar seis años, para que el 24 de agosto de 1985 se convirtiera en el trigésimo octavo venezolano en jugar en Grandes Ligas. En su tercer turno, contra los Dodgers de Los Angeles, sacudió su primer hit. Con los Expos se mantuvo hasta 1991, temporada en la que dejó anémico promedio de .219, y no contó con el apoyo del equipo para la renovación contractual.

2. Ave Fénix

Desde 1989 los números de Galarraga comenzaron a bajar, por lo cual los canadienses le dejaron libre. En 1992 firmó con los Cardenales de San Luis buscando mejor futuro, pero un pelotazo le fractura la muñeca izquierda y lo margina durante 44 juegos; el promedio apenas subió a .243, pero su instructor de bateo, Don Baylor, le aconsejó el cambio en la mecánica, para que pudiera ver la pelota con los dos ojos. A finales de temporada el ajuste dio algunos resultados, concluyó con 10 vuelacercas.

3. La oportunidad

Baylor es nombrado manager del nuevo equipo Rockies de Colorado, y recomienda a Galarraga; quien en Venezuela, con el uniforme de los Leones, aplica la nueva mecánica. Llega a Denver en 1993 y tras una enconada lucha con Tony Gwynn por el título de bateo de la Liga Nacional, se lo arrebata en los días finales, gracias a sus .370 de average.

Vendrían luego lideratos en impulsadas y jonrones, dejando topes en 1996 con 150 y 47, respectivamente.

4. La gloria

Acuerda con los Bravos de Atlanta por más de 24 millones de dólares. Sus 44 jonrones anulan comentarios sobre supuestas ventajas para bateadores en Denver y reconocen el poder del caraqueño.

5. Pausa obligada

Cuando se disponía a iniciar la temporada de 1999, Galarraga debe anunciar al mundo que padece de un linfoma cancerígeno en la espalda. Tras el fatídico acontecimiento, expresa con voz firme que volverá.

Se somete a tratamiento médico y afronta con entereza esta adversidad que lo aparta del diamante; aunque no lo suficiente como para sacarlo del día inaugural, en el que en una emotiva ceremonia hizo el lanzamiento inicial, desde su casa, hasta la mascota del receptor Eduardo Pérez, en el Turner Field.

6. Regreso del Año

Vencido el mal, Galarraga vuelve a alinear, lo hace en la pretemporada ante la afición de Caracas, que plena el estadio Universitario para ovacionar a su ídolo. Ya en la campaña, despacha 28 jonrones e impulsa cien carreras. Eso le vale para ganar el premio Regreso del Año.

Para la temporada siguiente negocia nuevamente como agente libre, esta vez con los Rangers, por 6,25 millones de dólares; aunque no se adapta a la Liga Americana, saca 10 pelotas y completa los 17 jonrones luego de un cambio que lo lleva a los Gigantes de San Francisco. En 2002, vuelve a Montreal y como suplente descarga 9 vuelacercas y la meta de los 400 jonrones se le hace imborrable, con San Francisco, al año siguiente, suelta doce y queda a dos del objetivo. Anaheim le da un chance, luego de una segunda aparición del linfoma, pero sólo puede conectar un jonrón.

7. El adiós

El 29 de marzo de 2005, a menos de una semana para el inicio de lo que sería su vigésima temporada en las Grandes Ligas, Andrés Galarraga anuncia su retiro. Atrás quedaron sus hazañas, sus regresos, sus cambios en la mecánica de bateo y sus grandes demostraciones felinas al campo; y en el camino el jonrón 400, que a decir verdad suma poco a la hora de evaluar la actuación de este grande del beisbol.



 
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