Sammy Eppel // El alquimista del siglo XXI
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UN ESTADO SE SOPORTA sobre tres premisas básicas, lo político, lo social y lo económico, algo así como una mesa con tres patas. Es obligación de los gobiernos mantener el equilibrio de esos tres factores esenciales para lograr el bienestar y la paz social. Quien ostenta el poder absoluto en nuestra querida y sufrida patria, se ha dedicado a privilegiar la parte política con el propósito claro de mantenerse en Miraflores indefinidamente. El desbalance que por diseño ha sido causado, mantiene en permanente desasosiego a millones de venezolanos. La pobreza aumentó en 10%, el desempleo formal e informal es de más de 50%, se importa el 70% de los alimentos y se mantienen "listas negras" con los nombres de cerca de cuatro millones de compatriotas que cometieron el "grave delito" de ejercer su derecho constitucional de solicitar un referéndum. Los productores del campo son permanentemente amenazados con invasiones y expropiaciones con funestas consecuencias a futuro para la tan cacareada seguridad alimentaria, mientras los empresarios e inversionistas locales y foráneos ven la seguridad jurídica convertirse en un apéndice de la revolución por boca del propio presidente del TSJ. Pero como la piñata está full, todo el mundo se dispone a darle palo con una visión cortoplacista.
Ahora bien, todo lo anterior ocurre durante un régimen que ha tenido a su disposición los más ingentes recursos económicos jamás vistos, los cuales por un acto de magia revolucionaria, desaparecen en un agujero negro de planes y misiones tanto civiles como militares, donde una parte va a parar en manos de países y organizaciones extranjeras con el poco edificante propósito de realzar la figura de Chávez como líder mundial. Miles de artículos en cientos de periódicos, páginas Web y carteleras universitarias han sido publicados por "intelectuales comprometidos" que hablan de ética y moral, pero no la practican, programas de televisión y radio, películas, documentales, foros y conferencias, son diariamente promovidos en todo el mundo por voluntariosos comunistas, con el solo fin de presentar a Chávez como el hombre del futuro. ¿Y todo gratuitamente? ¡Increíble, verdad!
Yo sólo les preguntaría a los Ramonet, Weisbrot y Saramagos del mundo, si ellos estarían de acuerdo en establecer un gobierno como el de Chávez en sus respectivos países. Claro, es muy facil para ellos apoltronarse en sus torres de marfil con aire acondicionado, los más exquisitos manjares y bebidas, enviar a seguidores al turismo ideológico a costa del hambre de niños y pontificar sobre los grandes logros del chavismo en Venezuela y el mundo. "Un pueblo es esclavo cuando el gobierno por su esencia o por sus vicios, huella y usurpa los derechos del ciudadano" (Simón Bolívar) ¡Será!
seppel@cantv.net
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