EL NARCISISMO patológico del usurpador de Miraflores lo viven sus adláteres como si se tratara de una corte imperial, donde los deseos del César son el equivalente a un dogma religioso y los juglares, payasos y maromeros por muy encumbrados doctores que sean, se caen a codazo limpio para aparecer en primera fila y poder demostrar su servilismo al nuevo libertador de los pobres del planeta. La muestra más patética de genuflexión arrodillada, la puso el nuevo presidente del TSJ, el abogado Mora, al declarar en su inauguración, que de ahora en adelante la justicia será revolucionaria, e inmediatamente, cual Torquemada enajenado, produce los resultados exigidos por el hegemón de Sabaneta.
Chávez odia la Vinotinto por su popularidad y porque despierta en los venezolanos un sentimiento de pertenencia y de excelencia que él pensó había quedado enterrado con los 20.000 botados de Pdvsa. También la odia porque llena los estadios de fanáticos que pagan, mientras él tiene que pagar a sus fanáticos para que asistan a sus tediosas y predecibles peroratas populistas. La odia porque es el resultado de la libre empresa apoyando un deporte donde sobresalen los buenos, mientras en su equipo sólo se premia la mediocridad y la obediencia perruna, y que me perdonen los perros.
Por esas mismas razones, Chávez odia a la doctora Condolezza Rice, posiblemente una de las mujeres mejor preparada del mundo, cuyos bisabuelos, seguramente fueron esclavos y en lugar de ser una resentida y destilar odio por cada poro de su negro cuerpo, utiliza su intelecto y capacidad para servir a su país y a su raza con una dignidad y aplomo que le ha ganado la admiración de propios y adversarios.
Chávez desprecia la democracia, pues es un sistema que evoca libertad y justicia. En su lugar se reúne con un elemento tan tenebroso como Jatami para alabarse mutuamente por sus respectivos logros "democráticos" que en Irán, significa que no existen partidos de oposición, ni prensa libre, ni mujeres libres, sólo una anacrónica teocracia fundamentalista que ha convertido al digno pueblo persa, otrora cuna de la civilización, en un patrocinador de los grupos terroristas más despiadados, una nación donde el miedo es el pan de cada día. Claro, Chávez admira que Irán tendrá elecciones tipo chavistas en tres meses, ya se sabe quién va ganar que y con cuántos votos. También le fascina que los ayatolas estén fabricando la bomba atómica con la que Chávez sueña algún día acabar con los gringos.
Mientras tanto los pobres del planeta que no pueden pagar un petróleo a $50, cortan los bosques para leña y la desertificación avanza. "Más vale sufrir que estar en la incertidumbre" (Simón Bolívar) ¡Será!