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| Caracas, viernes 11 de marzo, 2005 | |||||||||||
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CRONICA Ilegales afrontan secuelas Los inmigrantes fueron "doblemente víctimas", asegura la psicóloga Mónica Pereira, que integró el equipo de emergencia creado tras el 11 de marzo, señaló AFP. "Muchos no tenían a nadie aquí y por miedo, pues no tenían papeles, no se sentían capaces de acudir a la sociedad para pedir ayuda", puntualiza. Aquel día, Teresa Cisneros, ecuatoriana de 38 años, perdió en Atocha a su hermano Osvaldo, de 32, obrero de la construcción. Aunque recibió una indemnización y un permiso de residencia y trabajo por un año, es un alma en pena con la mirada perdida. "No he conocido psicólogo, ni médico, ni nada. Yo solita he salido adelante", dice Teresa, que debió reconocer el cadáver de su hermano. Su cuerpo estaba "completamente destrozado", apunta su hermano Luis, preocupado porque la mujer que vivía con Osvaldo, recibió importantes ayudas monetarias que no compartió con la familia del difunto, sepultado en Ecuador. Jesús Ramírez Castañeda, de 50 años, iba en el tren que estalló en la estación de El Pozo. "Es un drama, pero mejor no decir... Es un período en mi vida perdido dolorosamente", asegura Jesús, lesionado en el neumotórax, las piernas y un omóplato. Como vicepresidente de la Asociación 11M Afectados del Terrorismo, Jesús puede afirmar que "lamentablemente, hay personas que siguen viviendo día a día el horror" y que los inmigrantes fueron quienes más problemas burocráticos tuvieron: "Unos por miedo, otros porque no podían demostrar que estaban en los trenes". Los colombianos Gloria Stella Jiménez, de 30 años, y John Jairo Orozco, de 32, también resultaron heridos. "En mi vida cambió todo", asegura Gloria, empleada de limpieza, que está a punto de obtener un diploma de informática. "Me dejó muy marcada no haber podido ayudar a ese niño y a una señora que todos pisoteamos tras salir desesperados de uno de los trenes", dice mientras sus ojos se llenan de lágrimas. A diferencia de Teresa, Gloria está en tratamiento psicológico, pero tardó dos meses en volver a subirse a un tren. "Las terapias me han ayudado mucho para entender que no debía sentirme culpable", dice esta bogotana a quien rechazaron el pedido de regularización "por falta de pruebas". Sin embargo confía en obtener sus papeles en el actual proceso de regularización para traerse a sus hijos porque, pese a lo ocurrido, "aquí hay más oportunidades". En cambio John Jairo, que vino de Medellín hace cinco años, está "indignado" porque a raíz de la explosión que lo alcanzó en Atocha sufrió trauma ocular y auditivo izquierdo y perdió visión. "Nos prometieron ayuda y papeles y no nos han dado nada", se queja John Jairo, que era cortador de ladrillos pero pasó a peón porque no puede fijar la vista, lo que supone menos salario. |
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