CARACAS, miércoles 09 de marzo, 2005 | Actualizado hace
Si los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra Estados
Unidos alertaron a los europeos sobre el advenimiento de una
guerra de nuevo tipo, los atentados perpetrados en Madrid
dos años y medio más tarde colocaron a los habitantes
del Viejo Continente en las mismas trincheras de esa guerra.
Se desvanecieron las ilusiones -si alguna vez las hubo- de
que la guerra contra el terrorismo sólo enfrentaría
a Washington, como en los tiempos de la Guerra Fría,
contra el enemigo del momento, en este caso la nebulosa red
terrorista Al Qaida, de Osama bin Laden.
Con la atención centrada en los 191 muertos y los más
de 1.900 heridos que dejaron los atentados con bombas en Madrid,
la Unión Europea (UE) inmediatamente intensificó
los esfuerzos antiterroristas desplegados tras los atentados
del 11-S.
Durante una reunión celebrada en Bruselas a raíz
de los atentados en Madrid, los líderes europeos designaron
al diplomático holandés Gijs de Vries para ocupar
el cargo de primer coordinador para la lucha antiterrorista
en la historia del bloque comunitario.
Europol, el organismo policial de la Unión Europea con
sede en La Haya, fue dotado de la autoridad necesaria para
recabar y analizar informaciones relacionadas con el terrorismo,
al tiempo que la UE aceleró sus esfuerzos por introducir
una orden de detención de alcance europeo para impedir
que los terroristas y otros criminales eludan la acción
de la Justicia aprovechándose de las diferencias entre
los diversos sistemas legales nacionales.
Los ataques en Madrid también indujeron a las naciones
europeas individuales a colaborar más estrechamente en
temas de seguridad. Cuatro días después de los bombazos,
el canciller de Alemania, Gerhard Schroeder, pidió una
mayor cooperación entre las agencias de seguridad europeas
para combatir las redes de apoyo financiero, armamentístico
y logístico a los terroristas.
Los ministros del Interior de Francia, Alemania, Gran Bretaña,
España e Italia comenzaron a reunirse periódicamente
para intercambiar informaciones. Esto permitió, entre
otros resultados, que los servicios de inteligencia franceses
suministraran a Alemania información sobre 150 extremistas
islámicos que habían visitado campos de entrenamiento
para terroristas o que habían viajado a Irak, al tiempo
que Berlín entregó a París información
sobre otros 210 sospechosos de terrorismo.
En Francia, esta información ayudó a que fueran
arrestados el año pasado 101 personas sospechosas de
mantener vínculos con redes terroristas islámicas.
Inmediatamente después de los atentados en Madrid, el
gobierno francés elevó su alerta de seguridad a
rojo, su segundo nivel más alto, en virtud de lo cual
se intensificaron las labores de vigilancia de la policía
en aeropuertos y estaciones ferroviarias y se instalaron patrullas
policiales en los trenes de alta velocidad TGV.
Adicionalmente, Francia suspendió el Acuerdo de Schengen
y restableció los controles en sus fronteras, tal como
permite ese acuerdo en casos de amenaza a la seguridad.
En Alemania, los ataques terroristas en Madrid impulsaron
un debate sobre la necesidad de coordinar mejor las operaciones
de la policía y los servicios de inteligencia del país,
descentralizados en gran medida. El ministro del Interior,
Otto Schily, incluso propuso la creación de una agencia
de seguridad al nivel federal.
Mientras tanto, las autoridades de seguridad alemanas continuaron
registrando las casas y mezquitas de elementos islamistas
sospechosos de simpatizar con los terroristas.
En Italia, el número de lugares catalogados como objetivos
potenciales del terrorismo y vigilados por la policía
aumentó de 8.000 a 13.400 tras los atentados de Madrid.
Más importante aún, los funcionarios de la policía
y la inteligencia italianas incrementaron la cooperación
con sus colegas españoles, lo que condujo en junio de
2004 a la detención de varias personas sospechosas de
estar involucradas en los bombazos de Madrid.
Para Grecia, los atentados en la capital española ocurrieron
justamente cinco meses antes de comenzar los Juegos Olímpicos
en la nación helena. Como Atenas temía que los Juegos
podrían convertirse en un objetivo terrorista, las fuerzas
de seguridad griegas fueron puestas en estado de máxima
alerta tras los ataques en Madrid y también los griegos
comenzaron a trabajar más estrechamente con los españoles
en cuestiones de seguridad.
"Tratamos de cooperar con la policía española y
solicitamos sus consejos sobre cómo impedir que los terroristas
realizaran atentados en Atenas como habían hecho en Madrid",
dijo el portavoz del Ministerio griego de Orden Público,
Lefterios Economou.
Aunque los holandeses reaccionaron con lentitud a lo sucedido
en Madrid, el gobierno de La Haya promulgó en agosto
una Ley sobre Crímenes Terroristas, acorde con las directrices
europeas, que impone penas de prisión más largas
para los que reclutan a personas para la Yihad, la guerra
santa islámica.
Además, en enero el gobierno holandés destinó
más de 400 millones de euros (527 millones de dólares)
a la lucha contra las actividades terroristas.
En Gran Bretaña, los atentados en Madrid convencieron
a varios dirigentes políticos, a los servicios de inteligencia
y a la policía de que un atentado terrorista en Londres
u otra ciudad británica era "inevitable".
El funcionario policial más importante de Gran Bretaña,
el director de Scotland Yard, Ian Blair, ha advertido de que
los terroristas podrían llevar a cabo un atentado en
la etapa previa a las elecciones parlamentarias previstas
para mayo.
Como resultado de este temor, la vigilancia en los accesos
a los edificios del Parlamento británico ha sido reforzada
con barreras, mientras que un "anillo de acero" está
siendo instalado alrededor del cuartel general de Scotland
Yard.
Un año después, los atentados terroristas del 11
de marzo siguen presentes como una sangrienta advertencia
a los europeos contra toda complacencia en cuestiones de seguridad.
"Los terroristas tienen una larga memoria", dijo el director
de Scotland Yard.
Fuente: Agencia DPA
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