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Caracas, domingo 06 de marzo, 2005  
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BALONCESTO / Alexander Nelcha insiste en volver a jugar
Entre el escritorio y la cancha

(Foto Vicente Correale)
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Pese a sus lesiones, intenta la dualidad de funciones: jugador y gerente deportivo de Trotamundos "Me gusta más estar en la cancha. A veces estoy en la oficina, pero mi mente está pensando en los entrenamientos de Trotamundos. Todavía no quiero retirarme, voy a hacer el esfuerzo para actuar, si el cuerpo me responde" _ALEXANDER NELCHA, jugadorgerente

JOSE RUBICCO HUERTAS

EL UNIVERSAL

Por la mañana, llega temprano a la oficina. El trabajo no es pesado, la liga todavía no comienza, pero siempre hay algún asunto por resolver, una diligencia, una llamada. Dos horas más tarde, baja al sótano y se pone el uniforme. Saluda a sus compañeros en el camerino y entra a la cancha del Fórum para sus estiramientos y comenzar a practicar.

Por la tarde, la rutina es similar. Angel Alexander Nelcha se toma con calma su nuevo rol en Trotamundos de Carabobo, el de gerente deportivo, pero sin descartar la posibilidad de formar parte de la plantilla. Todavía cree que el momento del retiro no llega y, pese a que en los últimos días debió suspender sus ejercicios por un golpe que tuvo en la rodilla derecha, durante un entrenamiento, quiere ayudar al club en el tabloncillo.

_¿Cómo asume esta dualidad en el equipo?

_No es fácil. En lo que respecta a la oficina, comencé hace algunas semanas. Aún estoy en el proceso de adaptación. El hecho de asistir a las prácticas me resta tiempo para cumplir las funciones de gerente. Ahora no tanto, pero cuando comience la temporada y el equipo salga de gira todo será más complicado.

_¿Cuáles son sus funciones dentro de la oficina? _Mi trabajo consiste en ser enlace entre jugadores y directivos. Antes, esa relación era complicada, en ocasiones había roces. Ahora, ellos tienen en mí a una persona a la que pueden transmitir sus inquietudes y requerimientos. Y yo, luego, me comunico con la directiva para buscar soluciones. También debo estar pendiente de organizar las giras fuera de Valencia, reservación de hoteles, logística de transporte y otros asuntos.

_¿Cómo ve ahora el baloncesto desde esa perspectiva?

_Todo cambia. Me gusta más estar abajo, en la cancha. A veces estoy aquí, pero mi mente está pensando en los entrenamientos. Todavía no quiero retirarme, voy a hacer el esfuerzo para jugar esta temporada. Si el cuerpo me responde estaré de nuevo en plena cancha. Claro, en lo que pase la inflamación debo empezar de cero, caminar, luego trotar, correr y entrenar.

_¿Jugador o gerente? _Me quedo con lo primero. Toda mi vida he sido un atleta, me gusta la competencia, pero sé que llegará el momento de colgar el uniforme.

_¿Cómo llega a este deporte?

_Soy un beisbolista frustrado. Jugué pelota desde los 10 a los 17 años en Catia, como pitcher y jardinero. La recta me caminaba y era cuarto bate. Yo ni remotamente practicaba básquet y, después de salir del liceo Jesús Obrero, en los Flores de Catia, entré al Luis Espelozín, en la avenida Sucre. Allí, el profesor Santos Echenique, que manejaba los equipos de este deporte, me insistió y yo acepté. Luego pasó todo muy rápido, llegué al equipo Estudiantes de Caracas (me recomendaron a Pedro Camagüey Espinoza), más tarde la selección junior, la universidad en Estados Unidos y luego los equipos profesionales.

_¿Por qué deja el beisbol?

_Venían scouts de varios equipos, como los Medias Blancas de Chicago, pero yo viajaba ese día con la selección junior al Suramericano. Tuve que decidir. Luego se presentó una beca para estudiar en Pensylvannia, era para Carl Herrera. Pero en ese momento el único graduado de bachiller era yo, así que me la dieron y la aproveché.

_Usted formó parte de los héroes de Portland. ¿Cómo cataloga la experiencia?

_La experiencia de ganar la medalla de plata en el Preolímpico de Portland y luego participar en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 es lo mejor que me ha pasado. No hay más allá, todavía la gente me para en la calle y me pregunta por esa vivencia.

_¿De qué manera logra hacer carrera en Francia? _Por una de esas casualidades. Mi papá era de Martinica y yo tengo la doble nacionalidad. Un día vino a Venezuela un amigo de vacaciones y él le comentó que tenía un hijo que jugaba básquet con Trotamundos de Carabobo. Vieron el juego por televisión y él le señaló que yo podría jugar como francés en tierras galas. Prometió hacer los contactos y se dio. Yo llegué a un equipo de tercera división, el Maurenne, y poco a poco fui escalando hasta llegar a la máxima categoría. Fueron 13 temporadas.

_¿Cómo fue la experiencia? _Maravillosa, aunque en los primeros meses me quería regresar. Jugaba en un equipo pequeño, una vez por semana y con sólo tres días de prácticas. Eso me permitió tomar un curso intensivo de francés en la universidad y lo terminé en seis semanas. Mis padres insistieron en que me quedara y lo hice. Hoy se los agradezco infinitamente.

_¿Alguna anécdota? _Sí. En ese primer equipo, los jugadores, que vivían de otras actividades (el único profesional era yo) no entendían cómo un hombre que participó en un Mundial y en Olimpiadas estaba en un club tan modesto. Yo les decía que quería ir poco a poco, pero no me creían. Luego, el equipo subió de división y más tarde me firmó el Dijon, de primera.

_¿Diferencia entre el básquet francés y el nuestro?

_Nada que ver. Allá, la primera categoría es fuerte, muy defensiva. Acá es más espectáculo y muchos puntos. En Francia interesa el resultado, la victoria. Si tienes pocos números, pero el equipo gana, están conformes. Además, los entrenadores te regañan mucho si cometes errores.

_¿Por qué no siguió allá? _Las lesiones me sacaron de competencia, desde 2003. Tanto en las rodillas como el talón de Aquiles, el cual me operé el año pasado. Ahora estoy probando a ver si aguanto y puedo jugar aquí.

_¿Qué le dice a la generación de relevo?

_Las personas que llegan lejos no es porque son habilidosas ni atléticas, sino porque trabajan. Los jugadores se tienen que preocupar por sí mismos, entrenando fuera de temporada. Ese es el secreto. No puedes tomar vacaciones, sólo unas dos o tres semanas.



 
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