Roberto Smith Perera // El fiasco de la reconstrucción
La vulnerabilidad de Vargas hoy es la perfecta evidencia
del fracaso de la mal llamada reconstrucción del estado
desde hace más de cinco años.
Por encima de sus riesgos naturales, Vargas tiene un potencial
de desarrollo económico y social único. No existe
otro lugar en la cuenca del Caribe con similar potencial turístico,
debido a sus playas, sus montañas, su cercanía a
Caracas, sus centros históricos y, por encima de todo,
su pueblo emprendedor. Lo que ha faltado en Vargas es un plan
de desarrollo integral que ponga a funcionar a favor del hombre
los inmensos recursos turísticos, naturales y culturales
de la región.
Por ello no podemos aceptar que Vargas esté condenada
al subdesarrollo y al abandono debido a su supuesta "vulnerabilidad".
Esto es precisamente lo que los gobernantes de Vargas han
pretendido vender para esconder su incompetencia. Doy dos
ejemplos.
Beirut, Líbano, 1992. Una ciudad arrasada por una guerra
civil de 15 años, 100.000 muertos, edificios y calles
destruidos, sin agua ni electricidad, su centro histórico
en ruinas; miseria por doquier. Cinco años más tarde,
en 1997, Beirut es una esplendorosa ciudad, centenares de
nuevos edificios y avenidas, centros comerciales, marinas,
paseos turísticos; prosperidad por doquier. El esfuerzo
conjunto de gobierno, inversionistas y comunidades resultó
en una brillante reconstrucción de la cual resurgió
una gema urbana contemporánea.
Otro ejemplo. Kobe, Japón, 1997: un terremoto destruye
esta importante ciudad portuaria; escapes de gas después
del sismo producen un inmenso incendio que acabó con
el resto. Kobe, cinco años después, es un puerto
magníficamente reconstruido, la ciudad más moderna
del Japón, un ejemplo de reconstrucción integral.
Como éstos, hay centenares de ejemplos en el mundo de
reconstrucción efectiva en medio de ambientes naturales
hostiles.
Frente a esto, nuestro vergonzoso ejemplo criollo. Vargas,
1999: un deslave destruye una parte del estado. Mueren decenas
de miles, se pierden carreteras, edificios, servicios públicos.
Al tiempo se anuncia un ambicioso proyecto de reconstrucción,
que jamás fue ejecutado. Vargas en 2005 es abandono,
desolación, pánico ante cualquier lluvia, más
de 120.000 desempleados, más de 5.000 delitos por año,
cero prosperidad. Sólo 6 de los 32 cauces han sido tratados
con infraestructuras de contención, muchas de las cuales
son tan precarias que ya están colapsadas; sus principales
estructuras turísticas, abandonadas. Vargas, destinada
a la grandeza, ha estado condenada a la miseria por la mediocridad
de sus gobernantes.
La tragedia de 1999 presentó una oportunidad única
para hacer una verdadera revolución en Vargas. Una revolución
de prosperidad con la creación de un emporio turístico
que crearía decenas de miles de empleos y oportunidades
para los pobres habitantes del estado. Hoy, a cinco años,
cada lluvia, cada inundación, cada día perdido por
falta de vialidad, cada crimen debido al desbordamiento del
hampa, nos recuerda que los gobernantes de Vargas sólo
han sido capaces de reaccionar -mediocremente- ante los problemas,
sin ofrecer ninguna aspiración de un desarrollo superior
para su gente, sin siquiera mostrar capacidad para prevenir,
para anticipar los problemas. Los gobernantes de Vargas son
reaccionarios, no revolucionarios.
Vargas se merece un futuro brillante, como Beirut o como
Kobe, o como muchos otros. Ya basta de pensar que Vargas es
inviable debido a su supuesta "vulnerabilidad". Eso es lo
que gobernantes mediocres han querido que aceptemos como una
fatalidad. Han sembrado sistemáticamente la idea de que
la destrucción de Vargas fue tan grande que tomaría
más de dos décadas para superarla, falacia que sólo
sirve para justificar su desidia.
Las lluvias de hoy son un campanazo a todos. Han pasado más
de cinco años y Vargas todavía espera por una dirección
eficaz y solidaria que la enrumbe hacia su verdadero destino:
convertirse, antes que el patio trasero de Caracas, en el
verdadero salón de entrada de América Latina, donde
un pueblo afanado y alegre le dé la bienvenida a todos
con orgullo y esperanza. Esta es la tarea por hacer.
Fundador de Vargas de Primera
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