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| Escenas dantescas de destrucción se viven en estos días en la carretera vieja que une Araira con Caucagua. Lodo hasta la cintura, vehículos destrozados, posibilidad de epidemias: El Armagedón en casa |
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| La Panamericana es un clásico del desastre cada vez que llueve |
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| El despliegue militar para recoger a los damnificados implica un gran gasto monetario |
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| La naturaleza mostró su furia en Catia La Mar, como en 1999: median seis años y el mínimo esfuerzo de recuperación en serio |
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| En la Panamericana, la gente veía desaparecer sus precarias posesiones
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| La desesperación y la enfermedad no respetan a nadie |
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| Otra vez surge nueva costa como consecuencia de la sedimentación del cerro Avila
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| En Araira, la naturaleza aplicó la política de tierra arrasada |
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| En Izcaragua, la gente salvaba lo que podía ante la incertidumbre
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| Los carnavales en Araira no tuvieron nada de turísticos, y sí mucho de trágicos. Sus habitantes observaban consternados la tragedia |
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| Fragatas de la Armada intentaban rescatar a los miles de varados en clubes, edificios y barrios de Vargas |
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| El punto de llegada es el Poliedro de Caracas |
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Como si volviéramos a 1999, la naturaleza se ensaña
otra vez con el territorio venezolano. Sin embargo, culpar
de todo a las condiciones del medio ambiente es irresponsable;
en realidad, la culpa es de los gobiernos que no previeron
infraestructura adecuada, de quienes, aprovechándose
de la miseria, permiten las invasiones en zonas de alto riesgo,
y de aquellos que en vez de plantearse políticas
de Estado, se contentan con los remiendos. Los ciudadanos
sabemos quienes son los antes mencionados.