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Caracas, sábado 22 de enero, 2005  
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Adolfo P. Salgueiro // Sesenta años de la liberación de Auschwitz


SABIENDO QUE EL PROXIMO día 27 se cumplirán sesenta años de la liberación del campo de concentración de Auschwitz por las tropas aliadas, tomamos la iniciativa de preguntar a nuestros alumnos universitarios si conocían ese trágico nombre o si tenían noticias del Holocausto. Para nuestra decepción aunque no sorpresa fueron muy pocos los que dijeron estar enterados del significado de esos dos términos que, unidos, escenifican la mayor tragedia de la humanidad en toda su historia.

La falta de memoria histórica es una constante, tanto más en pueblos de poca tradición como el venezolano para el cual los más sangrientos episodios de su historia: la guerra de la Independencia y la Federal apenas si son conocidos por una minoría muy reducida de compatriotas.

Por eso es que se dice que los pueblos que no cultivan sus relaciones con el pasado tienen amplia posibilidad de comprometer su futuro al no aprender la lección de los errores cometidos. Así lo afirma Primo Levy cuando dice que "quienes niegan a Auschwitz son los primeros que están listos para repetirlo".

EL HOLOCAUSTO, en nuestra opinión, no debe verse sólo como una tragedia de los judíos sino como un drama de la humanidad en su conjunto en el que los judíos fueron las principales víctimas. Si el tema se pudiese abordar desde esa perspectiva es posible que mayor número de personas lo tuvieran en mente y disminuyera la necesidad de tener que estar recurriendo a conmemoraciones espasmódicas. El tema del Holocausto debe ser patrimonio colectivo de toda la sociedad aun cuando el transcurso inexorable del tiempo vaya haciendo desaparecer el testimonio de causantes y sobrevivientes de aquella gran matanza organizada con teutónica eficiencia.

La necesidad de conocer el siempre presente potencial de daño y maldad que anida en algunos seres humanos también nos permitiría estar atentos y vigilantes ante los síntomas que pudieran desencadenar la repetición de tales episodios que desgraciadamente fueron varios durante el tan "civilizado" siglo XX: la matanza de armenios por los turcos en 1915, las matanzas de Rwanda en 1994 o las de Bosnia/Herzegovina de 1995, entre otras.

DE TANTO EN TANTO se reportan profanaciones de templos y cementerios judíos en Europa y también en Argentina donde reside una importante comunidad hebrea. Son manifestaciones de intolerancia por parte de fundamentalistas de distinto signo y erupciones de violencia que aun cuando luzcan como episódicas parecen constituir el remanente cromosomático de algún gen de la estructura celular humana que permite que ante determinados estímulos se desaten las fuerzas de la forma más primitiva de lucha humana: la eliminación del adversario.

ES CIERTO SI, que el mundo ha avanzado formalmente en cuanto a la identificación de tipos delictuales que ameritan castigo internacional. El establecimiento de la Corte Penal Internacional (vigente desde el 1 de Julio del 2002) y la constitución de tribunales ad-hoc como los de Nüremberg, Tokio, Antigua Yugoslavia, Rwanda, etc., indica que va tomando cuerpo el deseo de castigar esos horribles delitos. Sin embargo mucho mejor sería dedicar esfuerzos para prevenirlos.

Esta reflexión luce particularmente adecuada para la Venezuela de hoy donde las pasiones y tensiones provocadas por la situación política pudieran llevarnos a excesos producidos por el fanatismo y la intolerancia. Ojalá que autoridades y pueblo tomen conciencia de este peligro y lo aborten.

apsalgueiro@cantv.net


 

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