Mapa del sitio
Daily News
Búsqueda avanzada
ClasificadosUsuariosAnunciantes
Caracas, domingo 09 de enero, 2005  
404 Not Found

404 Not Found


nginx
Principal > Opinión > Noticias
Hoy Esta Semana Nuestras Firmas
 
Imprimir Enviar por correo  |  Disminuye letraAumenta letra
 
Manuel Caballero // El único imprescindible

Los autócratas tienen terror de la muerte, porque sospechan que de su paso no quedará una huella permanente

Como suele suceder en toda picaresca, la elección de la nueva directiva de la Asamblea Nacional estuvo llena de episodios que mueven a risa no por la intención de los cómicos, sino por su pésimo desempeño. En primer lugar, uno de los dirigentes de esa tribu fenicia bautizada por irrisión "Quinta República" declaró sin que se le despeinara el flequillo que la unidad del partido era "antisísmica".

Esa expresión muestra a leguas vista su origen totalitario. Es lo que Isaac Deutscher llamaba "una utopía terrorista de Stalin": el "monolitismo". En nuestro país, hacia 1945, el secretario general del PCV declaraba que el partido estaba "monolíticamente unido", negando una realidad que, como dicen los franceses, reventaba los ojos: que no existía aquí un partido, sino lo que Betancourt llamaba con sorna "el archipiélago comunista".

"Un puesto", no un trabajo. El otro rasgo de este episodio picaresco es que se estaba buscando un candidato para ocupar lo que difícilmente podría llamarse un trabajo. Lo cual nos hace recordar el caso de un supuesto desempleado a quien sus amigos lograron después de muchos esfuerzos enchufar en un ministerio, luego de varias décadas de haberse mantenido mano sobre mano. Al cabo de pocas semanas renunció, aduciendo que lo que se le había dado era un trabajo, cuando que él lo que quería y buscaba era "un puesto"...

No podía haberse escogido mejor: el sargento Francisco Ameliach se convirtió (compitiendo duramente, la verdad sea dicha) en el primer reposero de la república. Se decía, no sin ironía, que, en varias ocasiones, los porteros del Capitolio le negaron la entrada al recinto, porque no tenían idea de quién fuese: tan pocas veces portaba por allí, salvo, por supuesto, los quince y último de cada mes. De su sustituto, Nicolás Maduro, acaso se conserve todavía, en el Metro de Caracas, un grueso expediente con sus permisos de reposo por motivos de salud: ¡cosa del Libro Guiness de los records!

Un conocido sargenton. Pero hablando de records, la palma se la lleva uno de los más conocidos sargentones de lo que por comodidad idiomática se llama, en la Asamblea Nacional, "grupo de opinión" del MVR. Pedro Carreño, el mismo que dijo tener las pruebas de que Vladimiro Montesinos estaba muerto y enterrado; y que además el imperialismo vigilaba la intimidad de los venezolanos a través de esos malditos televisores que ahora nos venden con canal de salida (que es el que vemos) y de entrada (por el cual el imperialismo nos ve). Como una vez no es costumbre, declaró esta vez una verdad grandota como Basílica de San Pedro o la hoy Mezquita de Agia Sophia: que en el MVR, el único imprescindible es Chávez.

Esto no es sólo una confesión de parte, sino toda una filosofía del poder. Chávez no es sólo el portaaviones que ha permitido llegar al Parlamento y a otros cargos públicos a gente que ni en sus más locos delirios soñó jamás con alcanzar sitios de relevancia para los cuales nunca estuvo preparado ni le interesaba estarlo; sino que sin Chávez, ese partido no existe.

Las juventudes politicas. Porque quienes criticaban en los partidos históricos su falta de generación de relevo, no sólo no tienen por su parte generaciones ni personalidades de relevo, sino que ni siquiera se han planteado tenerlas. Aunque fuese sólo como un saludo a la bandera o como un homenaje del vicio a la virtud, los partidos solían formar sus propias organizaciones juveniles: Juventud de AD, Juventud Revolucionaria Copeyana, Juventud Comunista; y hasta URD tenía su llamada, creo, Vanguardia Juvenil Urredista. Pero en el chavismo, no: sus jefes ni siquiera se han planteado repetir lo de Betancourt en 1941, al fundar el suyo: "Ha nacido un partido para hacer historia".

Esto es lo característico de todos los regímenes autoritarios: el hegemón se cree insustituible. De allí que su primera preocupación sea eliminar de toda constitución la cláusula que impide la reelección. De allí también lo que en otra parte hemos llamado la permanente "lloriconería" magnicida. Los autócratas tienen terror de la muerte, porque sospechan que de su paso no quedará una huella perdurable.



 
 
Imprimir Enviar por correo  |  Disminuye letraAumenta letra
 
Contáctenos | Política de privacidad | Términos legales | Condiciones de uso
Búsqueda avanzada
Copyright @ Diario El Universal C.A. 2007