ENTREVISTA / Juan Rohl y sus diecisiete años dedicados al juego ciencia
"El ajedrez es un juego peligroso"
El Maestro Internacional Fide habla de sus primeros pasos en el juego ciencia, del sobre ajedrez y la informática, de sus ídolos en las sesenta y cuatro casillas y sobre lo difícil que es ser ajedrecista en Venezuela
"Estoy de acuerdo con Tarrasch cuando decía
que el ajedrez, como el amor y como la música, tiene la
capacidad de hacer feliz al hombre. El incluso afirmaba que
sentía pena por aquellos que no conocen el juego, pero
yo no voy tan lejos" JUAN ROHL
JAVIER BRASSESCO
EL UNIVERSAL
Dos veces campeón nacional absoluto, representante de
Venezuela en cinco Olimpiadas de Ajedrez, tres de ellas como
primer tablero, cuarto jugador criollo en obtener el título
Fide de Maestro Internacional, el juego ciencia ha estado
siempre presente en la vida de Juan Rohl desde que a los catorce
años aprendió a mover las piezas.
Hoy tiene 31 y dice seguir amando el ajedrez como el
primer día, un juego que para él sintetiza la búsqueda
de la verdad por parte del ser humano y que debería ser
promovido entre los niños porque mejora la concentración,
crea disciplina mental y ayuda a tomar mejores decisiones
en la vida. Al mismo advierte que también puede llegar
a ser muy peligroso, pues en ocasiones aísla y atrapa
a quienes lo practican.
_¿Quién te enseñó a jugar?
_Freddy Fernández, un hermano de una amiga de mi mamá
que se llama Isabel, quien por cierto me regaló mi primer
tablero.
_¿Te llamó la atención desde el principio?
_Fue un amor a primera vista. Lo que me fascinaba del ajedrez
es que allí todo dependía de ti, para lo bueno y
para lo malo, nadie podía enmendar lo que hacías
mal ni arruinar lo que hacías bien.
_¿En qué momento te diste cuenta de que tenías
aptitudes para el juego?
_Quedé de quinto en el primer torneo que participé
y hasta salí en el periódico, y entonces pensé
que tal vez podía servir para eso.
_¿Recuerdas tu primera partida ganada?
_Sí, contra mi maestro Freddy Fernández.
_¿Tenías algún ídolo en ese momento?
_Claro, Anatoly Karpov. Mi primer libro fue el que escribió
Angel Martín, `Anatoly Karpov, vida y partidas´.
Me lo sabía de memoria y me puse muy triste cuando en
Sevilla fue derrotado por Kasparov.
_Tu momento más feliz ajedrecísticamente hablando...
_Cuando derroté al Gran Maestro estonio Jan Ehlvest,
quien llegó a estar entre los diez primeros del mundo
(hoy ocupa el puesto 64 de la lista de la Federación
Internacional de Ajedrez, Fide). Yo llevaba con negras y la
partida fue de sólo veinte jugadas. En Curazao, hace
seis meses, también me alegró derrotar a Alex Shabalov,
campeón nacional estadounidense, quien ocupó la
segunda plaza (yo fui tercero).
_¿Y la partida de la que estás más orgulloso?
_La primera vez que jugué contra un Gran Maestro Internacional
fue contra el ucraniano Alexander Onischuk, quien hoy juega
para Estados Unidos y es el número 44 del mundo. Fue
una partida disputadísima que duró cien jugadas
y que al final terminó en tablas, el único medio
punto que en esa Olimpiada Venezuela logró frente a Ucrania.
_¿Cuál es tu fuerte?
_Las aperturas
_¿Cómo es tu sistema de entrenamiento?
_No tengo entrenador y por eso no entreno como debería.
Más bien estudio mis propias partidas, sobre todo las
que perdí. También resuelvo combinaciones y técnica
de finales con libros especializados. Siempre es útil
trabajar por temas: sacrificios en un punto específico,
ataques al enroque, o resolver problemas tácticos en
un tiempo determinado.
_¿A quién te gustaría tener como entrenador?
_Poniéndonos utópicos, a Elizbar Ubilava, el entrenador
de Anand (segundo del mundo), o a Mark Dvorestki, de los mejores
del mundo. Entre los latinoamericanos al cubano Jesús
Nogueiras.
_Nómbrame tres ajedrecistas que admires y por qué...
_Kasparov, porque ha promocionado el ajedrez como nadie en
el mundo, ha sido el más exitoso de la historia y proyecta
una energía increíble apenas lo ves. Capablanca,
porque ha sido el único campeón mundial latino y
tal vez el mayor genio natural que haya existido, el Mozart
del tablero. Quisiera nombrar a muchos más pero sólo
me queda una opción y tengo que pronunciar aquí
el nombre de Bobby Fisher, que amó el ajedrez como nadie
y que fue el único jugador después del 45 que tuvo
éxito en esa titánica tarea de enfrentarse él
solo a toda la maquinaria soviética.
_¿Por qué Fisher terminó así?
_Por algo que decía antes: el ajedrez es un juego muy
peligroso y hay que tenerle cuidado, porque aísla y atrapa.
Hay que tener cierto equilibrio y Fisher no lo tuvo; su amor
por el ajedrez era inconmesurable.
_¿Eres bueno jugando a la ciega (sin ver el tablero)?
_Lo he hecho hasta con dos tableros al mismo tiempo y me
ha ido bien.
_Prefieres jugar partidas rápidas o al ritmo tradicional?
_Prefiero el ritmo tradicional porque me gusta pensar, buscar
la perfección aun sabiendo que tal cosa no existe. Sin
embargo, he tenido mejores resultados en partidas rápidas.
_¿Cuál es el mayor número de contrincantes
al que has enfrentado en una simultánea?
_Cincuenta
_¿Quién ha sido la persona que más te ha ayudado
en tu carrera?
_Ahora que me preguntas eso, me doy cuenta de que he sido
muy autodidacta, de que casi siempre he tenido que andar solo.
Las ayudas siempre han sido muy intermitentes, y así
tendría que nombrar al Maestro Internacional cubano José
de Jesús Hernández y también a un entrenador
ruso que estuvo aquí dos años, el también Maestro
Internacional Maksim Notkin. Angel Oviedo me ayudó en
el plano personal porque me hizo creer en mí mismo.
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