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Caracas, viernes 31 de diciembre, 2004  
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ENTREVISTA / Juan Rohl y sus diecisiete años dedicados al juego ciencia
"El ajedrez es un juego peligroso"

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El Maestro Internacional Fide habla de sus primeros pasos en el juego ciencia, del sobre ajedrez y la informática, de sus ídolos en las sesenta y cuatro casillas y sobre lo difícil que es ser ajedrecista en Venezuela "Estoy de acuerdo con Tarrasch cuando decía que el ajedrez, como el amor y como la música, tiene la capacidad de hacer feliz al hombre. El incluso afirmaba que sentía pena por aquellos que no conocen el juego, pero yo no voy tan lejos" JUAN ROHL

JAVIER BRASSESCO

EL UNIVERSAL

Dos veces campeón nacional absoluto, representante de Venezuela en cinco Olimpiadas de Ajedrez, tres de ellas como primer tablero, cuarto jugador criollo en obtener el título Fide de Maestro Internacional, el juego ciencia ha estado siempre presente en la vida de Juan Rohl desde que a los catorce años aprendió a mover las piezas.
 Hoy tiene 31 y dice seguir amando el ajedrez como el primer día, un juego que para él sintetiza la búsqueda de la verdad por parte del ser humano y que debería ser promovido entre los niños porque mejora la concentración, crea disciplina mental y ayuda a tomar mejores decisiones en la vida. Al mismo advierte que también puede llegar a ser muy peligroso, pues en ocasiones aísla y atrapa a quienes lo practican.
_¿Quién te enseñó a jugar?
_Freddy Fernández, un hermano de una amiga de mi mamá que se llama Isabel, quien por cierto me regaló mi primer tablero.
_¿Te llamó la atención desde el principio?
_Fue un amor a primera vista. Lo que me fascinaba del ajedrez es que allí todo dependía de ti, para lo bueno y para lo malo, nadie podía enmendar lo que hacías mal ni arruinar lo que hacías bien.
_¿En qué momento te diste cuenta de que tenías aptitudes para el juego?
_Quedé de quinto en el primer torneo que participé y hasta salí en el periódico, y entonces pensé que tal vez podía servir para eso.
_¿Recuerdas tu primera partida ganada?
_Sí, contra mi maestro Freddy Fernández.
_¿Tenías algún ídolo en ese momento?
_Claro, Anatoly Karpov. Mi primer libro fue el que escribió Angel Martín, `Anatoly Karpov, vida y partidas´. Me lo sabía de memoria y me puse muy triste cuando en Sevilla fue derrotado por Kasparov.
_Tu momento más feliz ajedrecísticamente hablando...
_Cuando derroté al Gran Maestro estonio Jan Ehlvest, quien llegó a estar entre los diez primeros del mundo (hoy ocupa el puesto 64 de la lista de la Federación Internacional de Ajedrez, Fide). Yo llevaba con negras y la partida fue de sólo veinte jugadas. En Curazao, hace seis meses, también me alegró derrotar a Alex Shabalov, campeón nacional estadounidense, quien ocupó la segunda plaza (yo fui tercero).
_¿Y la partida de la que estás más orgulloso?
_La primera vez que jugué contra un Gran Maestro Internacional fue contra el ucraniano Alexander Onischuk, quien hoy juega para Estados Unidos y es el número 44 del mundo. Fue una partida disputadísima que duró cien jugadas y que al final terminó en tablas, el único medio punto que en esa Olimpiada Venezuela logró frente a Ucrania.
_¿Cuál es tu fuerte?
_Las aperturas
_¿Cómo es tu sistema de entrenamiento?
_No tengo entrenador y por eso no entreno como debería. Más bien estudio mis propias partidas, sobre todo las que perdí. También resuelvo combinaciones y técnica de finales con libros especializados. Siempre es útil trabajar por temas: sacrificios en un punto específico, ataques al enroque, o resolver problemas tácticos en un tiempo determinado.
_¿A quién te gustaría tener como entrenador?
_Poniéndonos utópicos, a Elizbar Ubilava, el entrenador de Anand (segundo del mundo), o a Mark Dvorestki, de los mejores del mundo. Entre los latinoamericanos al cubano Jesús Nogueiras.
_Nómbrame tres ajedrecistas que admires y por qué...
_Kasparov, porque ha promocionado el ajedrez como nadie en el mundo, ha sido el más exitoso de la historia y proyecta una energía increíble apenas lo ves. Capablanca, porque ha sido el único campeón mundial latino y tal vez el mayor genio natural que haya existido, el Mozart del tablero. Quisiera nombrar a muchos más pero sólo me queda una opción y tengo que pronunciar aquí el nombre de Bobby Fisher, que amó el ajedrez como nadie y que fue el único jugador después del 45 que tuvo éxito en esa titánica tarea de enfrentarse él solo a toda la maquinaria soviética.
_¿Por qué Fisher terminó así?
_Por algo que decía antes: el ajedrez es un juego muy peligroso y hay que tenerle cuidado, porque aísla y atrapa. Hay que tener cierto equilibrio y Fisher no lo tuvo; su amor por el ajedrez era inconmesurable.
_¿Eres bueno jugando a la ciega (sin ver el tablero)?
_Lo he hecho hasta con dos tableros al mismo tiempo y me ha ido bien.
_Prefieres jugar partidas rápidas o al ritmo tradicional?
_Prefiero el ritmo tradicional porque me gusta pensar, buscar la perfección aun sabiendo que tal cosa no existe. Sin embargo, he tenido mejores resultados en partidas rápidas.
_¿Cuál es el mayor número de contrincantes al que has enfrentado en una simultánea?
_Cincuenta
_¿Quién ha sido la persona que más te ha ayudado en tu carrera?
_Ahora que me preguntas eso, me doy cuenta de que he sido muy autodidacta, de que casi siempre he tenido que andar solo. Las ayudas siempre han sido muy intermitentes, y así tendría que nombrar al Maestro Internacional cubano José de Jesús Hernández y también a un entrenador ruso que estuvo aquí dos años, el también Maestro Internacional Maksim Notkin. Angel Oviedo me ayudó en el plano personal porque me hizo creer en mí mismo.


 



 
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