JENNY LOZANO
EL UNIVERSAL
El artista, museógrafo y docente universitario Miguel
Arroyo dejó de existir a los 84 años de edad aquejado
por una larga enfermedad. El ceramista fue profesor de la Universidad
Central de Venezuela y director del Museo de Bellas Artes desde
1959 hasta 1975. Gracias a él se creó el Servicio
de Registro, se sistematizó el de Conservación e inició
la colección de dibujos y estampas, incorporó el diseño
gráfico y la fotografía como materia museística
y fomentó el intercambio internacional.
Iris Peruga, curadora del Museo de Bellas Artes y quien trabajó
junto a Arroyo, destaca que "fue el mejor director de museos
que ha tenido Venezuela. Conocía muy bien su trabajo
y además siempre estaba dispuesto a ayudar. Se encargó
de enseñar a mucha gente". Algunos lo consideran un visionario
y gran promotor de la actividad plástica.
"Además formó la Colección de Esculturas
y compró obras fundamentales en el mismo momento en
que se estaban produciendo", agrega Peruga.
Arroyo fue el curador de la muestra de Armando Reverón
en Madrid y en 1992 recibió el Premio Nacional de
Artes Plásticas. La GAN posee una de sus pinturas,
Los caballitos, y una obra de cerámica sin título.
En su fructífera labor por el desarrollo de las artes
visuales en Venezuela estuvo siempre acompañado por
su esposa Lourdes Blanco, ex directora de la Sala Mendoza.
Los restos del maestro serán sepultados en el Cementerio
del Este.