OSCAR MEDINA
EL UNIVERSAL
El general Acosta Carles es un tipo muy creativo. Que no
quede duda. Es como Paulina Rubio, si se permite la comparación
sin mancillar el honor castrense y sin ofender a la dama. Me
explico. Una vez que Madonna y Britney se arriesgan con un beso
en directo y que Janet Jackson asoma su estrellado pezón
ante audiencia mundial, la mexicana sabe que debe hacer algo
efectista en su debut como animadora en la entrega de los premios
MTV Latinoamérica 2004. Y la atrevida Paulina decide regalarnos
el escándalo de una generosa visión de sus espléndidos
cuartos traseros.
No es que el candidato a la gobernación de Carabobo
haya hecho algo por estilo. Dios nos libre. Pero es el mismo
principio. Luego del eructo, del bailecito a ritmo de cacerolazo
y del episodio de las pistolas en la piscina, debe renovarse
porque ante un Chávez que le dice pendejo a Bush, que
amenaza con apresar gobernadores y se consagra en su antiimperialismo
de propaganda sacándoles un dinerillo a las petroleras
gringas, el general sabe que tiene que ingeniarse algo para
no quedarse atrás en este trance electoral.
Y es así como el generalísimo pare asombrosas
ideas. Las expuso el domingo pasado aprovechando una entrevista
en el diario El Carabobeño. En una extraña variante
de ingeniería social, el candidato que ya se siente
gobernador planea generar empleos para los excluidos de
la región. En primer lugar, promete créditos para
poner a producir a los ancianos según sus habilidades.
Las doñitas que tejen pañitos por acá, las
que tejen chinchorros por allá y así los mayores
ya no tendrían, supone uno, que mendigar las escuálidas
jubilaciones del Seguro Social.
El general tiene más. Es un visionario: "A los minusválidos,
que están en una silla de ruedas podemos ponerlos
a trabajar como recolectores en los peajes", ilustra:
"Podemos acondicionar la infraestructura para que ellos
lleguen en sus sillas y se monten para recoger el dinero
del peaje".
Paulina se quedó corta: "Esos muchachos, esos
jóvenes, en los semáforos, haciendo piruetas
¡qué cosa tan bella! vamos a recogerlos. Les diré:
vengan acá, vamos a hacer un teatro en el Negra
Hipólita. Yo como gobernador les pongo un sueldo
para que me distraigan a la gente". Al general, se ve,
le parece que el niñito de la calle que hace malabarismo
con tres limones para no morirse de hambre es un hermoso
espectáculo y prefiere ofrecerle una tarima ahora
que darle oportunidades para un mejor futuro. Total,
dirá, quién quita y si con esos pobres carajitos
se logra armar un Cirque du Soleil bolivariano.
Amante como es del arte y la cultura, derrocha talento
en su propuesta participativa: "Igual que los enanitos.
¿Por qué en el sur (de la ciudad) no podemos
hacer un parque y un teatro de Blanca Nieves y los
Siete Enanitos? Les hacemos un escenario, con un bosque,
con el lobo, con Blanca Nieves, bien bella, con la
abuelita y los siete enanitos. Tenemos el recurso
humano y lo vamos a aprovechar. Pero ahí están,
excluidos. Nadie les da contratos, porque son enanos
(...) Vamos a darle un curso de teatro y vamos a utilizarlos
en los diferentes parques, y que el gobierno les pague
un sueldo. Esa es una política de inclusión
social".
Candidato, ¿y si los "enanitos" _como usted
los llama_ se le multiplican? ¿Qué hará?
¿Los pintará de azul para versionar a
Los Pitufos?
ommedina@eluniversal.com