El debate Bush-Kerry
El punto neurálgico del debate entre Bush y Kerry no
fue jamás tocado con sinceridad en el reciente show político
de la televisión estadounidense. Más allá de
las contradicciones entre la retórica y los hechos producidos
por Kerry en sus dos décadas de senador y del implacable
miedo escénico de Bush, el problema del destino de Estados
Unidos como nación _íntimamente asociado a la suerte
de la humanidad_ nunca fue abordado por los contrincantes
de pantalla en su dimensión total. La médula de
la discusión tuvo que haber respondido a la siguiente
pregunta: ¿Está dispuesta la mayoría de los
estadounidenses a constituir su país en un poder global-militar
excluyente y enterrar así el orden mundial de la llamada
Guerra Fría? Por eso, en realidad, se votará, más
allá de las promesas de una mejor calidad de vida, lugar
común de las campañas electorales en cualquier lugar
del planeta.
Ha quedado claro que la acción unilateral estadounidense
de invadir Irak fue una decisión de los halcones republicanos
y no una posición de Estado (demócrata-republicana).
Kerry lo expresó con vehemencia; para los demócratas
una cosa es luchar contra el neoterrorismo según Bin
Laden, y otra proseguir una costosa guerra en una nación
donde no se encontraron armas de destrucción masiva.
Igualmente, no es lo mismo combatir con el apoyo de los amigos
(ONUOTAN) que hacerlo unilateralmente. La posibilidad del
triunfo de Kerry anuncia una rápida retirada de Estados
Unidos de Irak y el fin de la ruta contra el denominado "eje
del mal".
Pero el asunto no es tan sencillo. El bushismo solamente
ha sido el brazo ejecutor de un trajinado y pulido plan
de dos décadas (era Reagan) que los halcones republicanos
diseñaron para dejar en manos de Estados Unidos y su
Estado corporativo con la suma del poder global. El nuevo
proyecto significa instalar un Nuevo Orden Global (NOG),
que debe desplazar el Orden Mundial (OM) representado en
las Naciones Unidas, útil en el contexto de la Guerra
Fría, pero institucionalmente inoperante en el sistema
de poder unipolar emergente. El concepto de Europa rumsfeldiana,
donde los gobiernos que apoyan el Nuevo Orden Global dirigido
por Estados Unidos representan la Nueva Europa y los que
lo rechazan quedan arrinconados en el baúl de la Vieja
Europa, puede trasladarse a todos los países del mundo.
Hay algo más, tan importante como el nudo gordiano
geopolítico. El plan de globalización militar
lleva implícito en su primera etapa el control de
los recursos energéticos claves. El retiro de Irak
y la transferencia del poder territorial a la ONU devolvería
el papel protagónico al lobby FranciaAlemania-Rusia
en el manejo del petróleo de Irak e Irán, tal
como estaba ejecutándose cuando Estados Unidos realizó
la invasión.
El triunfo de Bush significará la profundización
de la guerra global sin límite de tiempo, y la
ejecución del plan de poder total para Estados
Unidos, al precio que sea necesario. El éxito de
Kerry devolvería al planeta al estado de equilibrio
inestable de la posguerra fría, pero representaría
el fin del sueño hegemónico de los halcones
republicanos.
En las elecciones presidenciales de Estados Unidos
se está jugando mucho más que una simple
cuestión de alternabilidad en el poder interno.
Se decide el futuro de la humanidad.