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Caracas, martes 19 de octubre, 2004  
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Alberto Garrido // Tiempo real

El debate Bush-Kerry

El punto neurálgico del debate entre Bush y Kerry no fue jamás tocado con sinceridad en el reciente show político de la televisión estadounidense. Más allá de las contradicciones entre la retórica y los hechos producidos por Kerry en sus dos décadas de senador y del implacable miedo escénico de Bush, el problema del destino de Estados Unidos como nación _íntimamente asociado a la suerte de la humanidad_ nunca fue abordado por los contrincantes de pantalla en su dimensión total. La médula de la discusión tuvo que haber respondido a la siguiente pregunta: ¿Está dispuesta la mayoría de los estadounidenses a constituir su país en un poder global-militar excluyente y enterrar así el orden mundial de la llamada Guerra Fría? Por eso, en realidad, se votará, más allá de las promesas de una mejor calidad de vida, lugar común de las campañas electorales en cualquier lugar del planeta.

Ha quedado claro que la acción unilateral estadounidense de invadir Irak fue una decisión de los halcones republicanos y no una posición de Estado (demócrata-republicana). Kerry lo expresó con vehemencia; para los demócratas una cosa es luchar contra el neoterrorismo según Bin Laden, y otra proseguir una costosa guerra en una nación donde no se encontraron armas de destrucción masiva. Igualmente, no es lo mismo combatir con el apoyo de los amigos (ONUOTAN) que hacerlo unilateralmente. La posibilidad del triunfo de Kerry anuncia una rápida retirada de Estados Unidos de Irak y el fin de la ruta contra el denominado "eje del mal".

Pero el asunto no es tan sencillo. El bushismo solamente ha sido el brazo ejecutor de un trajinado y pulido plan de dos décadas (era Reagan) que los halcones republicanos diseñaron para dejar en manos de Estados Unidos y su Estado corporativo con la suma del poder global. El nuevo proyecto significa instalar un Nuevo Orden Global (NOG), que debe desplazar el Orden Mundial (OM) representado en las Naciones Unidas, útil en el contexto de la Guerra Fría, pero institucionalmente inoperante en el sistema de poder unipolar emergente. El concepto de Europa rumsfeldiana, donde los gobiernos que apoyan el Nuevo Orden Global dirigido por Estados Unidos representan la Nueva Europa y los que lo rechazan quedan arrinconados en el baúl de la Vieja Europa, puede trasladarse a todos los países del mundo.

Hay algo más, tan importante como el nudo gordiano geopolítico. El plan de globalización militar lleva implícito en su primera etapa el control de los recursos energéticos claves. El retiro de Irak y la transferencia del poder territorial a la ONU devolvería el papel protagónico al lobby FranciaAlemania-Rusia en el manejo del petróleo de Irak e Irán, tal como estaba ejecutándose cuando Estados Unidos realizó la invasión.

El triunfo de Bush significará la profundización de la guerra global sin límite de tiempo, y la ejecución del plan de poder total para Estados Unidos, al precio que sea necesario. El éxito de Kerry devolvería al planeta al estado de equilibrio inestable de la posguerra fría, pero representaría el fin del sueño hegemónico de los halcones republicanos.

En las elecciones presidenciales de Estados Unidos se está jugando mucho más que una simple cuestión de alternabilidad en el poder interno. Se decide el futuro de la humanidad.



 
 
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