JAVIER BRASSESCO
KELVY PIRELA
ENVIADOS ESPECIALES/EL UNIVERSAL
San Cristóbal.- Los brazos de arriba abajo.
Cichero, Rojas, Vera y Urdaneta reclamaban euforia en la tribuna,
donde la cerveza bañaba cuerpos, caras y pies; las voces
se gastaban de gritar y las palmas se rompían de tanto
chocarse entre sí.
Desconocida o no, era la hora de los abrazos. El motivo fue
el tercer gol de la noche, el que aseguraba la victoria, los
tres puntos y, mejor, el retorno de Venezuela a la pelea por
los cupos para estar presentes en Alemania 2006.
Ruberth Morán se volvió a vestir de héroe,
le costó un poco, porque en la primera mitad encontró
una dura doble línea de cuatro que le impidió
jugar con libertad en el área enemiga, como lo hizo
ante el permisivo Brasil.
Sin embargo, su atuendo, que no requiere una capa o una
espada, sino goles, hizo delirar a Pueblo Nuevo cuando
de tanto insistir logró que Kaviedes lo derribara
en el área y el principal le diera el penalti que
Urdaneta de forma impecable hizo gol.
La alegría se apagó un poco cuando los ecuatorianos
consiguieron la igualada con un penal "bobo" que cometió
Rey, pero había espacio y ganas.
La segunda mitad trajo cambios. El final de la primera
presentó a una Venezuela inválida, con Juan
Arango pendiente de su cabello y a Ruberth solo por
allá, arriba. Ecuador se arrimó un poco
y Cichero y Rey tuvieron bastante trabajo en la línea
de atrás.
Ricardo Páez ingresó en el minuto 65,
dos minutos después Héctor González.
El primero entró a tratar de recuperar la pelota
para manejar el partido y Héctor para desequilibrar
con su velocidad. Entonces no faltaron las voces
que le pedían a Ricardo, el hijo del técnico,
que le tapara la boca a los periodistas que dicen
que no debe jugar, con un gol, pero Ruberth _que
era ahora acompañado arriba por Juan García_
y el resto del equipo se enchufó a la veloz
salida de Héctor, indistintamente de la presencia
de Ricardo.
Y llegaron los goles.
El primero en carrera, servido desde la banda
derecha por Héctor y concretado de manera
magistral; el tercero, marcado por Morán
con frialdad, como los grandes, luego de ser
habilitado por Arango, quien logró acomodarse
la cabellera y encontrarse a sí mismo.
Y regresó la euforia, esa incontrolable
pasión que explota cuando la victoria
obligada llega de manera contundente, sin
atenuantes como sucedió ayer en Pueblo
Nuevo.
Venezuela volvió, se igualó en
puntos con Ecuador y Chile, rivales directos
en esto de disputarse la plaza en el avión
a tierras teutonas. Por gol average el equipo
de Páez es sexto, pero lo importante
es que está en competencia de nuevo,
en un carro que ha tirado con toda fuerza
el merideño Ruberth Morán con
cuatro goles en dos días y, por si
esto pareciera poco, la construcción
de un penal. Ruberth es sin dudas el superhéroe
y todavía queda mucho camino por andar.