PEDRO GARCIA OTERO
EL UNIVERSAL
La convocatoria era precisa y no dejaba lugar a la imaginación:
"¡Este martes, 12 de Octubre, desde las 12 del mediodía:
Fiesta de la Afro-Indígena Resistencia! ¡Trae tus 500 años
de arrechera! ¡Motorizados, UBEs, Frente Francisco de Miranda,
Cultores Negr@os, Indígenas, Blanc@s y Mestiz@s! ¡Resistencia
Gay! ¡Anarquistas y Titiriteros! ¡Feministas y Malabaristas!
(...) Sigue la lucha contra el Diablo. ¡Bush y Colón, son
lo mismo, viejo y nuevo imperialismo!
Lo que nadie imaginaba, ni siquiera Policaracas, es que se
iban a atrever a tanto: A destruir con alevosía una "extatua"
(cómo se decía en la convocatoria difundida por
aporrea.org) que está en Caracas desde 1904, y que, independientemente
de la posición que se tenga en relación con el descubridor
de América, merece un respeto, no sólo porque los
vándalos que la destrozaron hablaron en español
y seguramente tienen a algún coterráneo de Colón
entre sus ancestros, sino también porque, sencillamente,
estaban contribuyendo a la barbarie, a afear la ciudad.
Como toda figura histórica, Colón tiene seguidores
o detractores. Es admirable o detestable, según la
perspectiva de cada cual; pero nadie se imaginaría
que mañana, cuando cambie la Historia oficial, haya
un grupo de exaltados tratando de bajar a Bolívar de
su caballo en la plaza que lleva su nombre, sólo porque
la actual tendencia política dice, con poco tino y
menos seriedad, ser "bolivariana".
Aunque Policaracas recuperó la estatua (realmente
"extatua", porque lo que debe haber quedado del almirante
no debe ser mucho) aún a costa de perdigonazos y
lacrimógenas, es inexplicable que no haya custodiado
la plaza, como prometió, para aplicarles previamente
a esos gamberros el tratamiento que se merecen.
A ellos hay que aplicarles la Ley de Preservación
del Patrimonio, que establece penas de prisión
de dos a cuatro años para quienes lo destruyen.
El Gobierno, algunos dicen que premeditadamente,
por acción u omisión, ha sido permisivo
con los destrozos a la belleza de la ciudad. Lo certifican
la esfera de Soto en la autopista Francisco Fajardo,
la estatua de María Lionza y otros innumerables
monumentos que se escapan de la memoria de este cronista.
Pero las cosas están llegando a niveles insoportables.
O el Ejecutivo actúa, o permite que sus adeptos
actúen como el talibán, que destruyó
los Budas de Bamiyán, y el mundo los dejó...
hasta que se cansó.
potero@eluniversal.com