Maracaibo. Igual que cuando en San Cristóbal tocó
enfrentar a Chile, esta vez el mal augurio también vino
del cielo en la forma de un aguacero.
Pero bueno, tal vez era sólo casualidad, y después
de todo ya había amainado poco después del mediodía.
El tráfico fue infernal pero cada quien se las ingenió
para estar en el Pachencho Romero a tiempo, y cuando aún
faltaban cuatro horas para el partido, en el estadio no cabía
un alma.
Unas pocas camisetas amarillas se perdían en un mar
vinotinto, mientras por las cornetas sonaba We are the champions,
de Queen, que el público coreaba (¿los campeones
de dónde? o era a Brasil que cantaban), así como
intentó corear el himno que cantó Kiara, pero
en una versión que nadie fue capaz de seguirla.
El entusiasmo del público nunca menguó, a pesar
de los goles, del árbitro, del error de Angelucci
y de la ingenuidad de los jugadores que dejan que Brasil
toque y toque hasta la saciedad. Al principio todos gritaban
"¡Sí se puede!", incluso después del primer
gol, incluso en el segundo.
No, no se pudo, ante Brasil parece que todavía
nadie se termina de creer que realmente se pueda. Jugamos
como nunca... _JB Y KP