ROBERT GOMEZ
ESPECIAL EL UNIVERSAL
San Sebastián. Tras Mystic river (Clint Eastwood)
y Fahrenheit 9/11 (Roger Moore), la cinta Silver city de John
Sayles toma el testigo en ese viaje incómodo por reflejar
el momento que atraviesa hoy Estados Unidos. A diferencia del
director de Los imperdonables y tal vez un poco más cerca
de Moore, Sayles elabora su retrato con un estupendo sentido
del humor y un espíritu crítico no muy frecuentes
en la cinematografía de ese país.
Silver city es el decimotercer film que se presenta en la
competencia oficial del Festival Internacional de Cine y el
más reciente de este sencillo pero venerado realizador
independiente.
Un cadáver que flota en un idílico lago es el
punto de partida para esta película que se mueve dentro
del mundo de la política y que desde la pantalla intenta
sacudir a sus espectadores directos; sumergiéndose
en las aguas de un mundo y un oficio que no siempre está
del lado de los contribuyentes.
Sayles, quien además de cineasta comprometido se
resiste a que George W. Bush repita en la Casa Blanca,
elige como centro de una probable conspiración a
un campestre candidato a gobernador, bastante torpe y
sin ideas claras sobre ningún tema de interés
público. Su asesor y cerebro de campaña (Richard
Dreyfuss) contrata a un desacreditado detective (Danny
Huston, hijo de John Huston) para que amenace e intimide
a los probables sospechosos de iniciar aquella conspiración.
No obstante, mientras intenta descifrar la identidad del
cadáver y la presunta responsabilidad de los señalados,
el detective y antiguo periodista va levantando una oscura
red de beneficios, crímenes ambientales, escándalos
inmobiliarios e intereses políticos que apuntan directamente
al propio candidato y especialmente a sus colaboradores.
"Una de las cosas que me llamó la atención
de Colorado _donde ha sido rodado el film_, es esa mentalidad
que tienen sus habitantes de sentir que siguen siendo
ganaderos, cuando esto en realidad es apenas del 2%
de la actividad económica del estado. Allí
existen empresas de todo tipo, muy sofisticadas. Por
eso está el personaje de Kriss Kristofferson, quien
insiste en vestirse como un vaquero cuando en realidad
es un empresario.
También elegí Colorado porque allí
la gente llega para jubilarse, por lo hermoso que
es. Pero donde también allí existen vertederos
tóxicos. Quería que esta película funcionase
como Chinatown, donde se puede ver una superficie
muy bella, pero que en realidad recubre lo malo que
hay en el fondo".