EN VENEZUELA JUNTO con esta nueva vivencia política también se desvanece una utopía posmoderna. La aparición de lo racional, lo moral, el realismo y el abordaje de lo espontáneo y lo profundamente popular parecía que finalmente llegaba al poder, pero todo fue un siniestro experimento usando para engañar la "ideología y los derechos del pobre".
Todo humano lleva en sus esquemas mentales la necesidad de tener referencias, ilusiones y expectativas. Cuando esto no se concreta se pasa a la desesperación, lo cual también es fuente para promover cambios, porvenires mejores o apoyar a vendedores de utopías. La realidad enseña que no es fácil para ningún pueblo hambriento de verdades y justicia, en un primer momento, calibrar la dimensión humana de los mercaderes políticos de turno. También los hechos evidencian que sólo con locuacidad y aleteos folclóricos no se logra imponer las utopías posmodernas, éstas además del componente mágico, tienen una dimensión racional que se traduce en sinceridad, libertad y equidad.
Para llegar al poder hay que ofrecer algo diferente a los demás u ofrecer lo que otros ofrecen pero en tiempos diferentes. Realidad que signa a la humanidad desde la época de Moisés; el que más promete o siembra más miedo controla por un tiempo la sociedad. En el caso de los populistas, hasta se presentan como lo opuesto a la "inhumana" y dominante razón de los políticos convencionales de saco y corbata, de ofrecimientos fríos sin atrevimiento imaginativo.
Es por esto que las sociedades modernas han concebido un componente racional y práctico, que hoy convertido en arquetipo se anida en el imaginario colectivo y complementa la parte mágica, emocional y ancestral de toda utopía. Los populistas rápidamente se dieron cuenta y aprendieron a construir grandes mentiras sobre esta dimensión racional. Lo más reciente es lo que sucede en Venezuela, un pequeño país petrolero, con matices también de bananero, obviamente atizado por la desesperación social permitió el asalto a la razón. Un asalto que lo hacen los gobernantes de turno navegando en una fantasía que además de ofrecer la cuota tradicional ilusoria de un mundo de baratijas e improvisaciones, utilizan la mentira para venderse, simular que se practica y "defender" esa cuota de la utopía posmoderna que se asienta en la lógica, la ética y la razón.
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