|
|||||||||||
| Caracas, jueves 23 de septiembre, 2004 | |||||||||||
| Principal > Opinión > Noticias |
![]() |
|
Diego Bautista Urbaneja // El papel revolucionario del fraude electoral EL PRINCIPIO ESTA CLARO. Una revolución no puede depender de los vaivenes de la voluntad popular. Es demasiado importante, demasiado trascendente, para someterse a lo que la mayoría del pueblo piense de ella. Por eso la revolución tiene que prescindir del voto. Eliminarlo de un todo es demasiado cuesta arriba en el mundo de hoy. Por ello en todas partes hay elecciones, aun cuando el régimen del caso sea incuestionablemente dictatorial. Así es como vemos esas elecciones donde el gobernante gana con casi el cien por ciento de los votos.
REVOLUCION Y VOTO. Pero esas elecciones de mentira no son utilizables en países en los cuales las elecciones y el voto forman parte de la cultura política y que están rodeados de un contexto internacional para el que los procedimientos electorales son exigidos como requisito de la legitimidad política. Es el caso de Venezuela. Allí la "revolución" la tiene más difícil. Mientras la mayoría sea favorable a la "revolución", el voto se puede usar para darle legitimidad democrática. Pero sin dejar nunca de tener claro el punto central: el voto no puede ser el árbitro final. Así pues, se le usa mientras es útil, pero sin creer de veras en él. Para los "revolucionarios" resulta por lo tanto crucial someterlo a un proceso de desvalorización, para irse preparando para los tiempos en que la mayoría ya no esté con la "revolución". Si no ha habido tiempo de tal proceso de desvalorización, y esa mayoría contraria surge demasiado pronto, pues se lo desvaloriza de una, a la primera ocasión. Para ello se requiere tener bajo un firme control las instituciones que tendrían que avalar la operación que se requiera.
EL FRAUDE COMO DEBER. Para eso no hay nada como un fraude. Para empezar, le permite a la "revolución" mantener el poder. Esa es su función primaria y más visible. Pero al mismo tiempo cumple otra función vital para toda revolución: que la gente deje de creer en el voto. Lo central es bajar al voto de su pedestal. Que la gente piense que para qué votar, si el destino del poder ya está decidido por quienes pueden hacer fraude. Lograr que la gente piense eso es todo un deber revolucionario. Para actualizar ese deber revolucionario no hay en principio ninguna barrera ética. Si las hay, son técnicas. Ahora bien, la tecnología informática brinda fórmulas que escapan a los radares con los que hasta ahora se han detectado los fraudes de nivel más elemental y superan los niveles de suspicacia más exigentes. Siendo así, todo revolucionario debe llegar en eso a los niveles de sofisticación que las circunstancias requieran. Estos son, por decirlo así, "los fundamentos filosóficos del fraude electoral". Todo revolucionario los tiene claros. Ahora bien, Battaglini es un "revolucionario". Jorge Rodríguez es un "revolucionario". Carrasquero actúa como si lo fuera. En todo caso, esa es la lógica cuya aplicación hemos estado viendo los venezolanos con ocasión del revocatorio. Por supuesto que en la práctica, detrás de todo eso puede que lo que se esconda sea un simple apetito de poder. O que lo que empezó siendo un proyecto revolucionario se vaya reduciendo al simple deseo de mantenerse disfrutando del mando por parte del líder y su camarilla. Hay lugar, en cuanto a lo que de hecho mueve a cada personero del régimen, para todas las combinaciones que se quiera entre idealismo revolucionario, cinismo, apetito de poder, deseos de venganza...
EL DEBER DEMOCRATICO. Es entonces tarea de la colectividad democrática venezolana recuperar el valor del voto y volverlo a colocar en su lugar de supremo árbitro de los destinos políticos del país, entre otras cosas tomando conciencia de valor que para el oficialismo "revolucionario" tendría que los venezolanos dejáramos de creer en el voto. que los venezolanos. Hacer eso es darle a quienes quieren imponer un régimen que la mayoría rechaza una victoria para ellos invalorable y negársela está en nuestras manos. Así como está en nuestras manos lograr que el voto recupere todo el valor que le corres ponde. Dejada a sí misma, la mayoría "revolucionaria" del CNE continuará en el proceso de desvalorización del voto en el que ya tiene tiempo. El próximo episodio de esa empresa son las elecciones regionales. Ya conocemos las condiciones que garantizarán el respeto a la voluntad popular en esos comicios y la experiencia del revocatorio ha actualizado en la conciencia de todos los niveles de vigilancia y de sospecha que habrá que poner a la obra. Y, sobre todo, la conciencia de los niveles de actividad colectiva que habrá que organizar para obtener esas condiciones.
dbu@etheron.net |
| Contáctenos | Política de privacidad | Términos legales | Condiciones de uso |
| |||||
| Copyright @ Diario El Universal C.A. 2004 |