La discusión sobre quiénes asesinaron a los miembros de la FAN, a la profesional de Pdvsa y luego a otros ciudadanos es, en cierto sentido, inútil. No hace demasiada diferencia si fueron unos u otros; si los autores eran de derecha o de izquierda. Tal vez baste decir que son asesinos. Las diferencias entre ellos tienden a ser sofisticaciones analíticas, cuando la realidad es que todos los grupos representan facetas del mismo miasma. Son las mafias que se reparten un territorio, sus bienes y su gente; que cobran por la "protección" que brindan a sus "vacunados". El asesinato en nombre de un sueño redentor vale lo mismo que el cometido en nombre del trasiego de pasta de coca o de fusiles sustraídos a los militares venezolanos.
El verdadero problema es que Venezuela es un país que se comprime. Las fronteras se van corriendo hacia adentro; mientras tanto nace la república de los bandidos, ante la mirada asombrada de venezolanos y colombianos. Lo que realmente florece es un territorio que parece ser sin ley (porque no imperan las leyes venezolanas); pero que, en realidad, es un espacio en el que nace una nueva legalidad, que es la determinada por los grupos que se reparten los espacios abandonados por el Estado venezolano.
Una de las principales consecuencias de esta revolución, tan bonita ella, es que la Nación ha experimentado una dinámica de descomposición acelerada desde el punto de vista institucional, lo cual ha comenzado a traducirse en una desintegración también espacial. La principal obligación del Estado que es mantener su presencia en todo el territorio de la Nación ha sido abandonada, no por la vía de un decreto, sino por la putrefacción en los bordes de este espacio que va dejando de ser Venezuela.
El otro rostro de esa tragedia es la evaporación de la Fuerza Armada Nacional. Lo uno no se explica sin lo otro. La FAN ha estado sometida a una redefinición de su Misión desde el primer día de la instauración del régimen. La hipótesis con la que llegó Chávez a Miraflores fue que antes de su aparición en el firmamento de la Patria, la FAN se había ocupado de atender las órdenes de las amantes de los presidentes y había descuidado sus tareas. No le pasó por la cabeza que esos militares, en general, habían asumido el compromiso de contribuir a desarrollar la democracia; que habían derrotado, en muchos casos con desviaciones graves en materia de derechos humanos, a la guerrilla; que habían logrado un nivel de entrenamiento y apresto que los colocaba a la vanguardia de las fuerzas armadas de la región; que asestaron duros golpes a los alzados que desde Colombia penetraban el territorio venezolano; y, sobre todo, que la sociedad los apreciaba como suyos, como integrantes de una institución de la cual enorgullecerse.
Hoy la FAN ha cambiado su Misión; ahora consiste en ser el brazo armado de la revolución. Esta condición la obliga, implícitamente, a tener como aliados a los grupos armados de los cuales los revolucionarios venezolanos se sienten "hermanos" y los conmina a tener como enemigos a los venezolanos que, ejerciendo sus derechos, están en la oposición.
Por cada soldado que vende pollo hay 100 metros de frontera descuidados. Esos soles están quemando a la FAN.
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