ERNESTO SABATO, en La Resistencia, se refiere a ese valor
que existe en la vida que nos habla a lo más profundo
del alma en los momentos difíciles. Se trata de la fidelidad
o de la traición a lo que sentimos como un destino o
una vocación que cumplir. Podemos perder a Venezuela
para la democracia y la libertad. Tenemos que impedirlo. Estamos
plenamente conscientes de ello, pero no terminamos de asumir
la enorme responsabilidad que significa enfrentar a una dictadura
ideologizada, dueña del dinero y del crédito, de
la violencia física e institucional, que controla todas
las ramas del poder público, ostentosa y corrupta ante
la miseria creciente de los pobres de antes y de ahora.
Esta pandilla de bárbaros camina en dirección contraria
a los principios en que fuimos levantados, en los cuales creemos
y trasmitimos a nuestros hijos y nietos. Terminó el tiempo
de los diagnósticos. Es inaceptable el chantaje institucional
que paraliza la acción opositora en el objetivo de liquidar
al régimen.
El informe de Tulio Alvarez desnuda la estafa agravada del
revocatorio y señala a los responsables de tamaño
fraude. El proceso ha sido impugnado. Está viciado de
nulidad absoluta. Los protagonistas deberán ser enjuiciados,
los mecanismos utilizados desmontados y las elecciones pendientes
diferidas, por lo menos, hasta lograr la transparencia y eficiencia
hoy inexistentes. La OEA, el Centro Carter y otras instancias
internacionales, tienen en sus manos los recaudos producidos
por Súmate, asesores propios y extraños de extraordinario
nivel académico, la dirección política opositora
y, básicamente, el trabajo presentado por Tulio Alvarez.
Si creemos en cuanto allí se dice hay que jugársela
completo. Del gobierno se puede esperar cualquier cosa. ¿Pero,
qué esperan los venezolanos del liderazgo opositor? ¿Negociación,
transacciones, acuerdos, "convivencia" o desconocimiento del
régimen, desobediencia, resistencia y lucha frontal?
oalvarez@telcel.net.ve