TENDEMOS A PLANTEAR el tema de la crisis que vive el país
como una situación que nos afecta en lo personal, lo
familiar, lo afectivo, lo económico, lo laboral y hasta
lo sexual, pero siempre asumiéndonos como las víctimas
de un mal generado por otros y por lo tanto son los otros
los que deben poner la solución a esta crisis. El Gobierno
piensa que la crisis es por falta de oposición.
La oposición piensa que lo que no hay aquí es gobierno.
Los civiles esperamos que los militares hagan algo y ellos
no están dispuestos a hacer nada hasta que los civiles
salgamos a generar caos en la calle para luego ellos llegar
a poner orden. Los políticos de oficio siguen el esquema
institucional para no ser tildados de extremistas y no tener
que pagar el costo político que el fijar posiciones firmes
pueda tener.
La comunidad internacional espera que este embrollo lo resolvamos
internamente mientras ellos miran hacia otro lado y se aprovechan
de los buenos contratos. Mientras tanto en Venezuela seguimos
con una incomprensible miradera a la comunidad internacional
como si la lección del 16 de agosto no hubiera sido con
nosotros. En la sociedad civil se siguen haciendo diagnósticos
y repartiendo culpas, en una reunidera para señalar que
no hay liderazgo, pero nadie se lanza a hacer lo que los demás
hacen mal. En los sectores más pobres se responsabiliza
a los que tienen dinero de que no se ocupan de ellos, mientras
que entre los más acomodados se entiende que si los más
pobres votaron por Chávez es porque no quieren salir
de la miseria. Cuando se hace algún ejercicio de autocrítica
siempre llegamos a la conclusión de que hemos cometido
muchos errores, pero que hay otro que ha cometido más.
Los llamados a diálogo son de mentira. De un lado y de
otro lo que queremos es quedar bien, sin ceder un ápice
de nuestra posición inicial. Tal vez eso sea muy humano
y comprensible. Lo que no resulta comprensible es que después
de tantos años de vivir en un país ingobernable
y casi invivible se siga manteniendo el discursito y no se
busque otro esquema. Seguramente, como a todos, nos de miedo
arriesgar porque sabemos que podemos perder demasiado. Tal
vez por eso sentimos que en un lado y en otro falta grandeza,
falta brillo, falta gloria, falta arrojo y sobran mediocridad
y conformismo.
unaiamenabar@hotmail.com