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Caracas, martes 31 de agosto, 2004  
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FIESTA GRIEGA / Una campeona sumisa y tímida
Nunca se rinde

Ni la madre de Adriana Carmona ni sus dos hermanas durmieron esperando la participación de la atleta
(Foto EFE)
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Así califica su madre, María de Carmona, a Adriana. La progenitora de la medallista de bronce en Atenas tenía la seguridad de que su hija obtendría una presea porque es perseverante y, además, un cuñado había soñado que el trofeo sería de oro

JUAN CERMEÑO

EL UNIVERSAL

Por estos días la señora María de Carmona ha tenido que recurrir con más énfasis a los medicamentos para controlar sus nervios, la diabetes y la hipertensión.

"Soy muy nerviosa, eso fue un desastre. Me temblaban las piernas y tuve que tomar una pastilla", recuerda de lo que vivió el domingo allá en Guanta, donde tiene su domicilio, mientras su hija Adriana estaba sobre el tatami en los Juegos de Atenas cumpliendo una actuación que la premió con medalla de bronce en la división más de 67 kilos del torneo de tae kwon do.

La señora María es margariteña de nacimiento, su acento la delata a través de la línea telefónica, pero la mayor parte de su vida ha transcurrido en Guanta, donde formó una familia integrada por dos hijos varones y cuatro hembras, Adriana es la segunda.

Ella no sabe de dónde le salió a Adriana lo de deportista, "eso fue por iniciativa propia porque en la familia no había ningún deportista", confiesa.

Ya había ganado medalla de bronce en el torneo de exhibición de los Juegos de Barcelona 92, y conseguir otra en el programa oficial de los Juegos de Grecia era otro sueño.

"El esposo de mi hija Yolimar, William Sotillo, había soñado tres días antes que había una celebración, con mucha gente, caravanas de carros, pancartas, y cuando salió a la calle le dijeron que la celebración era porque Adriana había ganado medalla de oro", añade la progenitora y asegura que ese anunció aumentó su seguridad de que su hija subiría al podio, "estaba clarito".

"Ella estaba muy positiva, siempre ha sido así, tenía mucha confianza de que lo conseguiría, y yo también", argumenta la progenitora.

"Llegó un momento en el que comencé a gritar cuando estaba combatiendo con la china, me puse como descontrolada, pero perdió y me desilusioné un poco, pero en el repechaje me volvió el ánimo y tuve la seguridad de que iba a ganar una medalla. Ella nunca se rinde, es así".

Celebración prolongada

En Guanta, igual que la familia de Carmona y en toda Venezuela, estaban perdientes de la coterránea, y cuando venció a la brasileña Natalia Silva por la medalla de bronce comenzó la celebración. Se confundió el llanto de Asdrúbal, el padre, con la risa y gritos de la madre y los hermanos.

"Aquí la gente no durmió esperando la participación de ella. Desde el sábado todos me preguntaban a qué hora le tocaría a Adriana, y luego de ganar la medalla todos se pusieron a celebrar. La están esperando para hacerle un gran recibimiento cuando llegue al aeropuerto de Barcelona".

Sumisa y tímida

En su vida familiar y personal Adriana es muy distinta a la deportista que en el tatami es capaz de derribar a cualquier oponente con una "patada".

"Es una muchacha tranquila, sumisa, tímida. Si tiene un problema no lo demuestra, aunque es muy comunicativa con sus hermanas. Tampoco le gusta pelear, así la vemos aquí y lo digo yo que la parí. Es muy colaboradora y siempre está pendiente de su familia".

No ha sido fácil para la progenitora acostumbrarse al alejamiento de su hija como consecuencia de las largas y continuas concentraciones y giras deportivas. "Primero me ponía triste, pero ahora mucho más. Se la encomiendo a San Miguel Arcángel, rezo mucho por ella".

A la hora de sentarse a la mesa nunca Adriana ha sido problemática, "come de todo, pero lo que más le gustan son las sopas".

También le gusta divertirse y en ese sentido "prefiere ir las discotecas antes que las playas, que por aquí abundan".

Luego de ganar su medalla Adriana lo primero que señaló que fue que deseaba regresar a Venezuela para colgarla en el cuello de su madre. "Voy estar mucho más feliz en ese momento", se conmueve María.

Adriana cumplió otro de sus sueños, una medalla en el programa oficial de unos juegos olímpicos, y hasta el de su cuñado William Sotillo, aunque éste había ido mucho más lejos, pues en su sueño la medalla era de oro.



 
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