ALFREDO ROJAS
EL UNIVERSAL
El bajo perfil que asumieron por su cuenta encuestadoras
que frecuentemente lucían en los medios cuando los números
favorecían a la oposición, pero que callaron el repunte
del Chávez en razón de su cuadrada campaña, no
fue inicialmente sólo sospechoso, sino que indudablemente
afectó la percepción de los electores.
El oficialismo, apuntalado por los porcentajes, exaltó
afanosamente las encuestas durante el lapso electoral. La
oposición, contrariamente, desmereció sus resultados,
y a partir del supuesto del voto oculto, difícilmente
detectable por las encuestas, cuestionó la capacidad
reveladora de las mediciones que antes aplaudió.
Las encuestas de las consultoras conocidas dieron arriba
al No, pero la diferencia nunca alcanzó la que reportan
los resultados oficiales del CNE. Una separación mayor
a 10 o 12 puntos parecía extravagante en el marco la
polarización. Incluso a veces la distancia entre las
opciones no era superior al doble del error muestral y negaba
así la claridad predictiva.
A partir de la llamativa separación entre el No
y el Sí acaecen las hipótesis que intentan aclarar
la votación concreta a partir del apreciable reacomodo
electoral que fue impredecible.
Técnicamente es absolutamente insoslayable considerar,
primariamente, el efecto de la alteración abrupta
del padrón electoral como audacia oficialista.
El crecimiento de los inscritos infló la potencialidad
_además comprometida_ del chavismo en los estratos
socioeconómicos bajos que concentran el grueso
de la población votante. De ahí la disparidad
subjetiva que sienten unos electores que creyeron que
la opción derrotada era la mayoritaria a partir
de una mera evaluación aislada de su alrededor.
Pero la distribución demográfica explica la
el perfil de los resultados: donde votan más electores
ganó abiertamente el No, y con récord de participación
que, no obstante, no cubrió la perspectiva.
Además es presumible que hubo una migración
del Sí y de indecisos hacia la opción oficialista.
Más allá del chavismo duro declarado es
visible que no militantes se reservaban su preferencia
por el No. Otros se montaron en el tren del ganador
o se retrayeron dada la sensación de victoria
del No que ilustra un resultado esperado desbordante
de la intención de voto.