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Caracas, lunes 23 de agosto, 2004  
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REFERENDO / La infinidad de trampas y trampitas y el ventajismo del Gobierno
El fraude: una historia de Venezuela

El peor daño que este régimen ha hecho al pueblo venezolano es hacerle perder la confianza en el voto, volverle a meter en la cabeza que "gobierno nunca pierde elecciones", por lo tanto medirse es inútil

MANUEL CABALLERO

ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

El primer nombre del fraude en la historia de la República de Venezuela es el de ventajismo : la utilización de todos los recursos del poder para asegurarse la victoria, no dejar el menor resquicio a la oposición. La manipulación de los resultados vendrá después. Comencemos por lo primero.

1. EN EL PRINCIPIO FUE EL VENTAJISMO. O sea, con la fundación de la nueva república : desde la jefatura del Departamento de Venezuela (es decir, de Páez mismo) se dieron instrucciones para que los comisionados que iban a recabar el pronunciamiento de las municipalidades, caseríos y "todo dios" a favor del Congreso Constituyente de Venezuela, llevasen ya escritos esos pronunciamientos, es decir "nada de unión con los reinosos y muera Don Simón". Los "reinosos" eran los neogranadinos, y "don Simón", ya se sabe quién.

Augusto Mijares, quien cita lo anterior extraído de la famosa colección Blanco y Azpúrua, relata igualmente cómo se obtuvieron esos votos "espontáneos". Cita un documento del Archivo Nacional donde se describe la actitud de un jefe militar. El documento dice que éste no contento con seguir las instrucciones antes dichas, ha ..."pretendido que firmen los ciudadanos no lo que realmente han dicho y acordado en sus reuniones, sino algunos papeles que a su modo escribía él en su casa, amenazando con sus terrores a quienes no querían obedecer (...) ¿Podrá hablar con libertad un pueblo que en el momento de reunirse ve formado en la plaza un escuadrón de caballería y una compañía de fusileros?".

2. DESPUES FUE LA DESCONFIANZA. Pero después de fundada la nueva República de Venezuela, pasaron casi tres lustros sin que casi nadie desconfiara de los resultados electorales : es que la autoridad de Páez era indiscutible y sobre todo indiscutida.

Pero en 1846 las cosas comienzan a cambiar: ya hay una oposición con cierta coherencia, con arraigo en los sectores más pobres y con posibilidades de convertirse en mayoría. Tenía además una bandera muy popular, el liberalismo, y el primer gran demagogo de nuestra historia como jefe: Antonio Leocadio Guzmán.

No es el caso de recordar aquí los incidentes de una campaña tormentosa, sino apenas de recordar que el gobierno buscó por todos los medios amalgamar a la oposición pacífica (Guzmán) y la guerrera (Zamora), juzgando y condenando a muerte al primero (también a Zamora).

Es además posible que sea de esa época una conocida anécdota sobre el diálogo entre un elector guzmancista y un testigo oficialista:

_¡Voto por Guzmán!

_¡Pero si está preso!

_¡Muy bien, ¡voto por el preso!

_¡Pero si lo condenarán a muerte!

_¡Pues bien, ¡voto por el muerto!

3. EL GOBIERNO SIEMPRE GANA. A partir de ese momento, comienza a instalarse en el electorado venezolano un sentimiento que en todas partes es el peor enemigo de la democracia : que gobierno nunca pierde elecciones. Si bien no hubo demasiada sospecha cuando José Tadeo Monagas le traspasó el poder a su hermano José Gregorio, ya para la reelección de José Tadeo, en 1855 la duda se convirtió en certeza: de los votos electorales (recuérdese que no era una elección directa) 397 fueron para Monagas y uno solo para Fermín Toro. ¡Sospechosa unanimidad!

4. SI ANTES SE HIZO, ¿POR QUE NO AHORA? De allí en adelante, todo parecía estar predeterminado: los gobiernos no sólo cometían fraude, sino que no se preocupaban en ocultarlo, y en la sociedad eso se aceptaba e incluso se llegaba a pensar que quien no lo hacía merecía que lo colgaran "por pendejo". Se llegó incluso en una ocasión, durante el guzmanato, a decidir que el voto fuera público y por supuesto, por el gobierno.

No valdría la pena ir detallando las elecciones del siglo XIX, puesto que todas estaban cortadas de acuerdo con el mismo patrón. Pero en 1896, para la elección de Ignacio Andrade, el candidato del gobierno de Joaquín Crespo, se comenzó a emplear una modalidad que reaparecerá en la segunda mitad del siglo XX: la manipulación de resultados.

En efecto, el candidato oficial era Ignacio Andrade, a quien Joaquín Crespo, se decía, quería premiar por el excelente trato que, como alcaide de La Rotunda, le había dado al ser preso por alzarse contra Rojas Paúl. Crespo mismo le dijo al periodista colombiano José María Vargas Vila que lo había escogido como su sucesor porque "Era colombiano y eso no se lo perdonan los venezolanos; ahora es venezolano y eso no se lo perdonan los colombianos; era conservador y eso no se lo perdonan los liberales ; ahora es liberal y eso no se lo perdonan los conservadores". Por lo demás siempre ha estado acostumbrado a obedecer y ya está muy viejo para que "aprenda a mandar". Por lo tanto, el único apoyo que tenía era el propio Crespo.

Pero el gobierno no tenía plena confianza en el triunfo electoral, pues veía crecer a ojos vistas la popularidad de José Manuel (a) "el Mocho" Hernández. De modo que el día de las elecciones hizo apostar en los centros electorales a sus partidarios armados de gruesos hierros y garrotes (los círculos "bolivarianos" avant la lettre) que aseguraron una sospechosa victoria de Andrade: más de 400 mil votos contra unos menguados veintitantos mil del "Mocho".

4. UNA RELATIVA LIMPIEZA. Las primeras elecciones que se celebrarían durante el gomecismo tendrían lugar en 1913. No se sabe si por ingenuidad o por probar la sinceridad democrática de Gómez, el periodista Rafael Arévalo González lanzó para oponérsele la candidatura del Dr. Félix Montes. El resultado fue una larga prisión para el proponente y un no menos largo exilio para el candidato. Habrá que esperar a que el Benemérito abandone el poder y de paso este valle de lágrimas para que en Venezuela se vuelva a hablar de elecciones y también de fraude.

A partir de 1936 comienza a haber elecciones libres (si bien con un padrón electoral restringido) y también relativamente limpias. No se puede decir que no hubiese, de parte del gobierno, una que otra manipulación, y durante López Contreras, se oyó hablar mucho de Franco Quijano, un colombiano ducho en trampas electorales y que había venido a Venezuela a hacerlas a favor del gobierno.

También durante Medina Angarita se habló de "fábrica de votos", y hasta se armó un cierto escándalo al descubrirse una, en manos de un tal Avelino Sánchez. Pero todas esas cosas no empañaban demasiado la confianza que, poco a poco, comenzaba a tener el pueblo en la eficacia del voto. Sobre todo después de que las izquierdas obtuvieran una victoria en las elecciones municipales de 1937.

La propaganda de la oposición contra el gobierno en esa materia, se basaba entonces mucho menos en la sospecha de la manipulación del voto que en el evidente ventajismo oficial para obtenerlo. Los "partidos" oficialistas tenían su origen y su mantenimiento en el presupuesto oficial, a través de la partida secreta.

5. LA MANIPULACION DE LOS RESULTADOS. A partir de 1945 se recupera y se amplía la confianza popular en el voto. Y tanto, que en las elecciones de 1952, donde era normal que cundieran la apatía y la abstención frente a una dictadura que se sabía o presentía que en ningún caso se dejaría quitar el poder, los electores votaron masivamente por la oposición, obligando al gobierno a echar por la borda todo escrúpulo legalista y, no sin reconocer el triunfo de URD en una comunicación firmada por el ministro de la Defensa, Marcos Pérez Jiménez desconocía esos resultados porque decía, era el triunfo de AD y el Partido Comunista.

Cuando el recuento de los votos comenzó a llegar al Consejo Supremo Electoral con la victoria de la oposición, el gobierno ordenó cambiarlos volteando esos resultados con la más exacta simetría: los votos de URD se pasaban al gobierno y viceversa. Ante un fraude tan escandaloso, los miembros del CSE, encabezados por Vicente Grisanti y Saturno Canelón, nombrados sin embargo por la dictadura, renunciaron.

Luego, se produjo el telegrama de Pérez Jiménez citado antes, y el exilio de los dirigentes de URD.

A partir de 1958, y ya en forma avasalladora, se fue restaurando la confianza popular en el voto. En 1963, luego del triunfo de Raúl Leoni, el diario Clarín, de Luis Miquilena y José Vicente Rangel, tituló en grandes letras: "¡FRAUDE!" Pero Jóvito Villalba, que sabía muy bien que había llegado en cuarto lugar después de Leoni, Caldera y Uslar, que tenía sentido del ridículo y, sobre todo, que era un demócrata, los hizo callar.

Pero desde entonces nadie ha cuestionado seriamente la pureza del voto, aunque no deje de hablarse siempre del ventajismo gubernamental. Pero en varias ocasiones, primero con Caldera, después con Carlos Andrés, luego con Herrera Campíns y así sucesivamente hasta llegar a Hugo Chávez Frías inclusive, se demostró que se podía llegar al poder desde el llano, que el gobierno podía ser vencido.

6. LA EPOCA PLEBISCITARIA. Hasta 1998. Porque a partir de esa fecha, las cosas cambian. No solamente se han cambiado las reglas en mitad del juego, sino que se puede decir que las de 1998 fueron las últimas elecciones libres que hayan tenido lugar en Venezuela: las demás han sido más bien elecciones de tipo plebiscitario, como tanto gustaban a Napoleón III, a Mussolini y a Hitler.

No vamos en estas notas, a hablar de la actual discusión sobre el fraude en el plebiscito del 15 de agosto: esperemos, como todo el mundo, que al final, la trampa salga. Pero si la trampa está tan bien hecha que sea imposible probarla; e incluso en el caso de que Chávez lo hubiera ganado de veras, hay un fraude más que evidente y del cual lo del 15 de agosto no es más que un episodio, el más espectacular y sobre el cual el gobierno trata de centrar la atención para hacer olvidar que ese fraude no es cosa de un día, sino que tiene una larga historia.

Una historia que está a la vista de todos: la infinidad de trampas y trampitas del trío delincuente del oficialismo en el CNE y el obsceno ventajismo propagandístico de un gobierno que, confesamente, dejó de gobernar para poner a todos sus ministros a "ganarse el (suculento) frito" para meterse en el Comando Maisanta.

Ese fraude prolongado, permanente, es el peor de los daños que este régimen haya hecho al pueblo venezolano: hacerle perder la confianza en el voto, volverle a meter en la cabeza que "gobierno nunca pierde las elecciones" y que por lo tanto, las elecciones son inútiles, pues el Jefe posee la fórmula mágica ("carisma") para comunicarse y (sobre todo) hacerse obedecer por el pueblo.



 
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