KELVY PIRELA
EL UNIVERSAL
"Mi equipo es el más campeón de todos", responde
Gianfeli Daví a la pregunta por qué le gusta el Caracas.
Sus manos se levantan con la misma velocidad con la que caen
en su cabeza, después de que Fernando "Chito" Martínez
echa un balón por encima del arco del Carabobo FC.
"Vamos Chito", anima el niño de ocho años, que
ataviado con la camisa del equipo capitalino aprende desde
la tribuna a cómo hacerse fanático del fútbol
venezolano.
A su edad, muchos chicos quieren cortarse el pelo como
David Beckham, pero Gianfeli quiere ser futbolista profesional
y jugar con el mismo estilo de José Manuel Rey, el
defensa de la vinotinto y del Pontevedra español.
"Otro jugador que es bueno es Javier Toyo, pero a mí
no me gusta ser portero", dice sin apartar la vista
de la cancha.
Gianfeli acudió al primer partido de la temporada
en el Brígido Iriarte junto a sus primos Jesús
Rafael Enríquez, Abraham y Rubén Ramos,
todos identificados con el equipo rojo.
El "boom" que vive el fútbol nacional, alimentado
por las actuaciones de la selección nacional
y soportado por el bombardeo publicitario, se ha
hecho sentir en chiquillos como Gianfeli y sus primos.
Pero también vale el trabajo de los clubes.
Caracas es uno de los pocos equipos del circuito
preocupados por llevar a los niños al estadio.
Desde hace un par de años _primero con Rafa
Santana como técnico y luego con Karim Assafo
como gerente_ el equipo rojo implementa políticas
dirigidas a la captación de seguidores.
Gianfeli, sus primos y otro número importante
de niños que ahora hacen que sus papás
los lleven al partido de fútbol, son de
la primera cosecha. En Maracaibo, en Maturín
o Valencia, seguro habrá un chico que,
como él, se convenza de que su equipo es
"el más campeón de todos". Sólo
esperan ser invitados.