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Caracas, miércoles 28 de julio, 2004  
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OPINION
Javier Brassesco // Javier Brassesco / Anhelo revolucionario

Veamos: la revolución continúa siendo un anhelo de todos los hombres de buenos sentimientos, no importa que haya sido traicionada por un gobierno inescrupuloso que la usa y la manipula para su propio beneficio. Un día ha de venir la auténtica revolución, una de verdad, la que habrá de redimir a los desposeídos de esta tierra y que nos salvará a todos de nosotros mismos.

Si usted comulga, buen lector, con todo lo expuesto en el párrafo anterior, mejor será que deje de leer ahora y se ocupe de cosas de mayor provecho. Porque la verdad que yo siempre he pensado que esto que padecemos en Venezuela es una revolución al pie de la letra. Igual que la de Marzo, la Libertadora, la Restauradora, la Legalista, la Azul o la de Octubre, por hablar sólo de las ocurridas en nuestro suelo, la Revolución Bolivariana tiene como principal objetivo el poder, mantenerse en el mismo el mayor tiempo posible.

Todo lo que ha hecho apunta en ese sentido, y en nombre de los ideales más sublimes lo único que ha hecho es fabricar miseria (y de nuevo les digo que no les voy a hablar de cifras o de los más de cien mil millones de dólares recibidos sólo por petróleo, no. Para constatarlo basta con darse una vuelta por estas calles).

Pero nada, el ideal revolucionario sigue prendido en la gente de buen corazón. Igual sucede con el comunismo: la culpa la tienen los malvados soviéticos por haber pervertido y burocratizado la doctrina primigenia para al final desplomarse sin disparar un tiro; esa burocracia y estatismo que hay en Cuba no tiene nada que ver con un régimen comunista. Y así seguirán de decepción en decepción, entusiasmándose con cualquier demagogo que les diga las tres simplezas que quieren oír (como ahora mismo hacen algunos intelectuales por llamarlos de algún modo que desde la comodidad de sus países se rasgan las vestiduras por el justiciero y redentor gobierno venezolano) para al final sentirse traicionados y seguramente usados. El anhelo revolucionario, sin embargo, seguirá palpitando en sus inmaculados pechos. Bien decía Cioran que los hombres siempre serán esclavos mientras no se curen de la manía de esperar.

Tengo muchas razones para votar Sí el 15 de agosto. Yo no creo en Mesías en ningún renglón de la vida, ni en lo religioso, ni en lo personal, ni en asuntos deportivos ni en política. Y mucho menos en uno cuya incompetencia e ignorancia sólo se ven superadas por un ego gigantesco. Votaré que Sí porque no me resigno ni quiero acostumbrarme a esta cotidianidad de mendigos y buhoneros, de gente durmiendo en las calles, limpiando vidrios en cada esquina o vendiendo cocosettes en medio del tráfico mientras unos pocos amasan fortunas y otros cuantos se hacen la vista gorda. Pero si tuviera que dar un solo motivo para explicar mi voto, entonces diría: Diré que Sí porque quiero un gobierno que no sea revolucionario.

jbrassesco@eluniversal.com

 



 
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