Lima. La Copa América que finalizó dejó
a un sorpresivo campeón y la certeza de que el fútbol
de la región sigue siendo tan competitivo como cualquiera
del planeta, pero también regaló algunos temas que
deberán corregirse en Venezuela, donde en tres años
el continente volverá a reunirse animado por la pasión
del fútbol, reseñó DPA.
En la escala del 1 al 10 la improvisación marcó
buena parte del camino. En varias ciudades reinaron el repentismo
y los desatinos organizativos. Las excepciones más notorias,
Arequipa y Trujillo, y el caso más dramático, Cusco
donde un día antes de realizarse el partido por el tercer
lugar entre Colombia y Uruguay, pintaban y taladraban.
Un aspecto que tiene que ver directamente con el juego,
el arbitraje, también tuvo sus notas negativas.
Hubo varios errores con posible incidencia en los resultados.
Penales que no fueron sancionados como tales y otros que
sí eran no fueron cobrados. El fútbol sigue
obligado a convivir con el error.
Lima, la capital de Perú, permaneció fría,
por la temperatura y la apatía por el fútbol.
La Copa América no entusiasmó por mucho a
los limeños. Allí, nunca hubo ambiente de
fiesta y las semifinales se jugaron en un estadio a
medio llenar y sin la menor pasión.
Esto escapa de cualquier organizador, pero la es
un tema que la Conmebol debe estudiar: la ausencia
de la figuras.
Los peruanos que soñaban con ver a Ronaldo,
Ronaldinho Gaúcho, Roberto Carlos y tantas
estrellas de varios equipos se quedaron con las
ganas. Muchas figuras privilegiaron sus vacaciones,
lo que fue llevado al extremo por Brasil.
Otro desastre, que no debe ocurrir en ningún
lado, fue el del trasporte aéreo. En plena
Copa, una decisión del Ministerio de Transporte
dejó fuera de servicio a la mayor compañía
aérea del país.
Cientos de hinchas y periodistas tuvieron que
hacer proezas para poderse movilizar y en varios
casos perdieron pasajes ya comprados, es decir,
tiempo y dinero.
Aunque en Perú se esperaban muchos turistas,
se hizo poco en promoción; de allí
que sólo 20.000 visitantes ingresaron
al país, sólo un poco más de
la mitad de las expectativas previas. Varios
empresarios que pensaban hacer su gran negocio
se quedaron con los deseos y con la inversión.
Otro acto para tachar fue la huelga general.
La dirigencia sindical convocó una
huelga nacional en pleno torneo, lo que
creó tensiones y presuntamente alejó
turistas.
La inseguridad, que no fue la carencia
principal de la competencia, tuvo también
sus traspiés. Hinchas y periodistas
extranjeros sufrieron hurtos en las calles
e incluso, como fue el caso de Chiclayo,
en la propia sala de prensa.
Para olvidar fue el rendimiento del
equipo local, Perú. El equipo anfitrión
apenas pudo ganar un partido, quedó
eliminado rápido, se peleó
con su periodismo y perdió con
una lesión en el cráneo a
Claudio Pizarro. La mala actuación
peruana empañó la fiesta pues
la apagó antes de tiempo.
La lista se hace más larga,
pero en Venezuela deberá reducirse
al mínimo.