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| Caracas, miércoles 28 de julio, 2004 | |||||||||||
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Lo que hay que cuidar en 2007 En la escala del 1 al 10 la improvisación marcó buena parte del camino. En varias ciudades reinaron el repentismo y los desatinos organizativos. Las excepciones más notorias, Arequipa y Trujillo, y el caso más dramático, Cusco donde un día antes de realizarse el partido por el tercer lugar entre Colombia y Uruguay, pintaban y taladraban. Un aspecto que tiene que ver directamente con el juego, el arbitraje, también tuvo sus notas negativas. Hubo varios errores con posible incidencia en los resultados. Penales que no fueron sancionados como tales y otros que sí eran no fueron cobrados. El fútbol sigue obligado a convivir con el error. Lima, la capital de Perú, permaneció fría, por la temperatura y la apatía por el fútbol. La Copa América no entusiasmó por mucho a los limeños. Allí, nunca hubo ambiente de fiesta y las semifinales se jugaron en un estadio a medio llenar y sin la menor pasión. Esto escapa de cualquier organizador, pero la es un tema que la Conmebol debe estudiar: la ausencia de la figuras. Los peruanos que soñaban con ver a Ronaldo, Ronaldinho Gaúcho, Roberto Carlos y tantas estrellas de varios equipos se quedaron con las ganas. Muchas figuras privilegiaron sus vacaciones, lo que fue llevado al extremo por Brasil. Otro desastre, que no debe ocurrir en ningún lado, fue el del trasporte aéreo. En plena Copa, una decisión del Ministerio de Transporte dejó fuera de servicio a la mayor compañía aérea del país. Cientos de hinchas y periodistas tuvieron que hacer proezas para poderse movilizar y en varios casos perdieron pasajes ya comprados, es decir, tiempo y dinero. Aunque en Perú se esperaban muchos turistas, se hizo poco en promoción; de allí que sólo 20.000 visitantes ingresaron al país, sólo un poco más de la mitad de las expectativas previas. Varios empresarios que pensaban hacer su gran negocio se quedaron con los deseos y con la inversión. Otro acto para tachar fue la huelga general. La dirigencia sindical convocó una huelga nacional en pleno torneo, lo que creó tensiones y presuntamente alejó turistas. La inseguridad, que no fue la carencia principal de la competencia, tuvo también sus traspiés. Hinchas y periodistas extranjeros sufrieron hurtos en las calles e incluso, como fue el caso de Chiclayo, en la propia sala de prensa. Para olvidar fue el rendimiento del equipo local, Perú. El equipo anfitrión apenas pudo ganar un partido, quedó eliminado rápido, se peleó con su periodismo y perdió con una lesión en el cráneo a Claudio Pizarro. La mala actuación peruana empañó la fiesta pues la apagó antes de tiempo. La lista se hace más larga, pero en Venezuela deberá reducirse al mínimo. |
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