LA JUSTICIA es algo muy difícil de comprender y concretar,
por situarse ella sobre un continuo, que se hace finito sólo
con la justicia divina. Del otro lado, las injusticias son mucho
más fáciles de percibir y, en nuestros países,
las cárceles en sí representan una de las peores.
Como economista, en términos del uso de recursos escasos,
estoy convencido de que la justicia avanzaría hoy mucho
más mejorando las cárceles, que invirtiendo en tribunales
supremos.
No predico ni creo en soluciones importadas y además,
si fuésemos a respetar los derechos individuales en sus
definiciones más extravagantes, por ejemplo garantizando
en Venezuela un acceso a la justicia similar al que hace unos
años tuvo O.J. Simpson en Estados Unidos, esto, por sus
costos, atentaría contra los derechos humanos de nuestra
individual colectividad.
No obstante, creo en los buenos ejemplos y estoy seguro,
que de existir unas franquicias carcelarias, que pudiesen
instaurarse en nuestros países, todos mejoraríamos,
a punta de vergüenza.
Cuando leemos, que uno de los factores que más le
dificultan a Schwarzenegger, reciente gobernador de California,
equilibrar el presupuesto estatal son los 28.500 dólares,
que anualmente tiene que gastar por cada uno de sus 162.000
presos y que una de sus opciones sería la de usar
servicios privados carcelarios locales, que le permitan
reducir el costo a 17.000 dólares por preso por año,
vemos una oportunidad.
Si California desea aún mayores ahorros, podría
lograrlos permitiendo que el servicio carcelario para
algunos de sus presos sea ofrecido por nuestros países.
En tal caso, empresas podrían construir y operar
cárceles, donde por necesidad tendrían que
usar certificaciones de calidad, del tipo ISO 9000,
lo que probablemente generaría para el bien de
todos un conjunto de buenas prácticas carcelarias.
Hoy, transporte rápido y facilidades como las videoconferencias,
hacen mucho más factibles propuestas como éstas,
faltando sólo la voluntad.
Dado que algunos trazan el origen de las violentas
maras (pandillas) de Centroamérica a Los Angeles,
y además cierta criminalidad es atribuida a la
violencia en las películas, puede que California,
su gobernador y hasta Hollywood, tengan todos una
motivación especial para acoger una iniciativa
como ésta de ayudarnos a ayudarlos.
Además, la sola experiencia cinematográfica
de Schwarzenegger, que abarca desde someter con
fuerza a criminales hasta aplicar la pedagogía
en un kindergarten, parecería conformar el
currículum ideal para un supercarcelero.
kurowski@telcel.net.ve