MORELIA MORILLO RAMOS
EL UNIVERSAL
A sus ocho años, Nury Quintana garantiza que ya sabe
hacer torta y galletas de chocolate."¡Quedó bien rica!",
expresó con respecto al resultado de su incursión
en la repostería y seguramente es cierto pues a la casa
llegó tan sólo con la receta y ni una miga.
Hace un par de semanas, Nury arrancó con sus clases
en el Club de Niñas Urupagua, una organización dependiente
del Opus Dei dedicada a la formación complementaria de
las chicas. "El lugar es muy bonito", expresó feliz "y
hay un jardín (una cancha) en donde jugamos kickingball".
El viernes pasado asistió a su segunda sesión
y ese día, guiada por la profesora Clementina, aprendió
a hacer las galletitas con forma de estrellas y corazones
y a rellenarlas o cubrirlas con azúcar. Después
de lavarse las manos, la enseñanza _¡Ummm!_ se transformó
en la merienda.
"Desde el primer día, la noté muy interesada
en aprender", evalúa la docente.
Historia en lectura
"Hay que elegir entre dormir o cubrir las necesidades
básicas (...) A mí me gusta trabajar,
pero por lo pequeños que están mis hijos
preferiría seguir en casa como antes", expresó
Justina Poché, una ama de casa pasada a las
filas de la economía informal para ayudar a
su marido en la manutención de sus tres hijos.
Justina Poché fue entrevistada por El Universal
para un reportaje sobre las madres buhoneras y
las penurias que ellas y sus hijos pasan durante
la permanencía en las calles, sobre todo
en el tiempo libre, después de la escuela.
Sus palabras e ímpetu conmovieron a más
de un lector y entre ellos a Mirian Gómez,
del Club de Niñas Urupagua, que _probablemente
con el periódico en las manos_ llamó
a las oficinas del diario para contactar "a
esa señora tan valiente" y ofrecerle un
cupo a su pequeña niña, Nury.
La promesa se hizo efectiva de inmediato,
Justina y su esposo visitaron el Club de Niñas
y se quedaron encantados. "Por fuera se ve
normal, pero por dentro es una belleza, hay
una capilla bellísima", relataron al
regreso con una sonrisa imborrable en sus
rostros.
"Ella estaba llorando porque creía
que no la íbamos a llevar (...) Siempre
nos dice que quiere tener amigas", recuerda
la madre, preocupada por las inquietudes
de su hija menor.
Nury es excelente estudiante y aficionada
a la cocina. "En la casa siempre hace
ensaladas y pan tostado con mantequilla.
Yo dejo que los haga, siempre y cuando
la pueda vigilar porque puede llegar a
ser peligroso", añade.
"El domingo, los del Urupagua la invitaron
al Parque del Este. No la pude llevar
porque es el día de hacer las cosas
en la casa, lavar, limpiar, cocinar",
cuenta esta mujer que a diario vende
artesanía larense, además
de cosméticos y electrodomésticos
por encargo en la avenida Urdaneta.
"Me dijeron que una vez al mes hacen
reuniones y charlas para las madres,
para tratar diferentes temas".
mmorillo@eluniversal.com