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Caracas, lunes 05 de julio, 2004  
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OPINION
Troya

Alex Saldaña

¿Quién lo iba a decir? Grecia, que llegó a la Eurocopa como la Cenicienta, como una selección para la que estar en Portugal ya era ver cumplido un sueño, el equipo cuyo entrenador, el alemán Otto Rehhagel, cifró como objetivo ganar un partido, regresa a casa con la copa del campeón de Europa.

Y es que realmente lo que llevó Grecia a Portugal fue una segunda edición del caballo de Troya, tan de moda actualmente por la película protagonizada por Brad Pitt. En efecto, los helenos fueron un equipo visto prácticamente como un grupo de turistas, pero en sus entrañas escondía 22 guerreros que salieron de la oscuridad para sorprender a Portugal, España, Francia, la República Checa y, de nuevo, como para demostrar que su triunfo en el partido inaugural no fue fruto de la casualidad, a Portugal.

Su recta ha sido tan simple como abierta; jamás ha escondido sus pretensiones ni su estilo de juego, o de destrucción del juego del rival, más bien. Los griegos han demostrado ser los dioses de la paciencia; nunca han evidenciado el menor síntoma de ansiedad, quizá por aquello de que todo era un premio para ellos y disfrutaban como nadie con su fútbol sacrificado, disciplinado, constante, físico. La base de su éxito ha estado en hacer lo que saben hacer, sin pretender hacer lo que no saben. De hecho, en la final me asombró la actitud de los jugadores griegos: ninguno hizo el menor gesto de recriminación a un compañero por haberle dado un mal pase; simplemente, cuando perdían el balón, todos se replegaban sin perder un segundo. Claro, luego comprendí que crear y elaborar vistosas jugadas no es precisamente su punto más fuerte. De hecho, es la selección, entre las 16 que disputaron la Eurocopa, que menor tiempo tuvo el balón en sus pies _apenas 40%_. Y también está en la cola (decimoquinto) en el apartado que hace referencia a los pases bien dirigidos, y en disparos a la meta contraria (décimo). Eso sí, puntea el capítulo de las faltas cometidas.

¿Cómo puede un equipo con estos números proclamarse campeón de la Eurocopa? Muy sencillo: Grecia no necesita jugar para ganar; le basta su pegajosa defensa al hombre y repleta de relevos, su concentración y un saque de esquina del que siempre saca petróleo.

Claro que el triunfo de Grecia no es la mejor noticia para los aficionados. Su éxito habla con claridad de lo que ha sido este torneo, donde los sistemas se han impuesto a la imaginación y a la creatividad de las estrellas, donde el fútbol de destrucción ha opacado al espectáculo, donde se ha visto a los jugadores demasiado cansados y sin ideas, donde ha habido demasiado miedo y donde el gol, la esencia del fútbol, ha sido el gran ausente.

En fin, que Grecia celebra una fiesta con la que no contaba, Portugal llora amargamente una derrota que no entraba en sus planes mientras despide a su generación de oro y Europa entera sabe que ha nacido un nuevo enemigo, un equipo con el que habrá que contar en posteriores citas.

Pero el fútbol, como decía la canción de Paty Manterola, no para y, mientras Europa vive ya la resaca de su torneo, Suramérica está a punto de estrenar una nueva edición del suyo. ¿Podrá Venezuela emular a Grecia y dar la campanada? ¿Por qué no? La grandeza del fútbol reside precisamente en que cualquiera es capaz de ganar a cualquiera. Felicidades, Grecia; ánimo, Portugal; suerte, Venezuela.

asalda01@yahoo.com



 
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