JAVIER BRASSESCO
EL UNIVERSAL
De la nada hicieron historia. En la fase clasificatoria
quedaron por delante de España pero nadie les hizo caso.
En el debut en la Eurocopa derrotaron a los anfitriones y todo
el mundo pensó que era suerte. Después dejaron en
el camino a los campeones franceses y al fútbol más
vistoso de la Eurocopa, el de los checos. Pero no fue suficiente
para que se creyera en ellos, y así en la final todo el
mundo hablaba de la revancha portuguesa.
Pues no. Tampoco pudieron los anfitriones en su segundo intento
y quedaron como otra de las víctimas del muro griego.
Los helenos derrotaron a Portugal y se convirtieron en el
campeón más sorpresivo de toda la historia del fútbol
europeo a nivel de selecciones.
No es un fútbol muy vistoso, no hay grandes individualidades
y las jugadas de creación son escasas en el esquema
de Rehhagel, quien sin embargo pasó con sobresaliente
la prueba a la que fue sometido e hizo lo que se aspira
de un buen técnico: sacó lo mejor de cada uno
de sus jugadores y para eso impuso un férreo y disciplinado
estilo a un fútbol que históricamente siempre
se ha caracterizado por su desorden.
En la final sus entrenados partían como la víctima,
una selección dura pero vencible, propicia para que
la generación de oro del fútbol portugués
diera por fin una alegría a su afición, para
que veinte años después de Francia 84 y cuarenta
de España 64 otra vez el país sede se coronara
campeón. Pero por enésima vez los helenos destrozaron
todos los pronósticos.
Fútbol sin complejos
Desde el principio del partido se vio que algo
andaba mal en Portugal, pues sus estrellas estaban
muy marcadas y no aparecían. Ni noticias de
Figo, nada de Deco, menos de Ronaldo. Sólo
Miguel inquietaba un poco con sus subidas por la
banda derecha. Pero lo peor de todo es que los griegos
se notaban mucho más cómodos que ante
los checos, y no tenían necesidad de ensayar
un fútbol tan destructivo ni mucho menos de
agazaparse en su área. Estaban jugando de tú
a tú.
Se terminó un primer tiempo equilibrado
y con pocas ocasiones y Miguel salió por
lesión. Los griegos seguían replegándose
con orden y eficacia hasta que aprovecharon una
de sus pocas contras. Otra vez de córner,
otra vez de cabeza, los griegos se fueron arriba
gracias al tercer gol de Charisteas. El peor de
los escenarios para los lusos se hacía realidad
y estaban obligados a vulnerar a una defensa granítica.
Scolari, quien siempre había hecho los
cambios precisos en el momento preciso, dio
entrada a Rui Costa primero y a Nuno Gomes después.
Comandados por el primero, por cuyos pies pasaban
todos los balones, los lusos se lanzaron a buscar
el empate, pero el jugador del Milan estuvo
demasiado solo. Figo sólo apareció
una vez en el segundo tiempo mientras que Deco
estaba más impreciso que nunca. Ronaldo
tuvo la ocasión más clara en el único
parpadeo de la zaga griega, pero presionado
por el portero Nikopolidis envió el balón
a las nubes con toda la portería para él.
El caso de Nuno Gomes fue aun peor, pues ni
se tuvieron noticias de él.
La entrega griega fue total, y hasta Charisteas
ayudaba en la defensa. Kapsis y Dellas estuvieron
tan impecables como en otros partidos, Seitaridis
fue intraficable por la banda derecha, Nikopolidis
tuvo una noche perfecta y Zagorakis mostró
sus dotes de distribuidor de juego. Todo les
salió bien y así hicieron que una
selección que antes jamás había
ganado un partido en este tipo de torneo hoy
sea el campeón más sorpresivo en
toda historia del fútbol europeo.