KELVY PIRELA
EL UNIVERSAL
La vinotinto tuvo la pelota, llegó con insistencia
al área enemiga y hasta logró que los peruanos pitaran
a su equipo y todo su cuerpo técnico, pero nunca logró
el gol. Por fortuna, tampoco sus rivales.
Todos esperaban por la explosión de Alexander Rondón
en el ataque criollo, pero éste se despidió sin
gloria del Estadio Nacional de Lima. El efectivo trabajo de
los zagueros incas y las pocas pelotas que llegaron a sus
pies, no le dieron ocasión al atacante del Deportivo
Táchira.
También se soñaba con el reencuentro de Juan
Arango y los goles, pero esto tampoco ocurrió, aunque
ciertamente tuvo un par de ocasiones, una que rozó
el horizontal y otra que quedó en manos del portero
Ibáñez.
El empate, primero entre Venezuela y Perú en 10
partidos en la eliminatoria, tuvo, sin embargo, nombre
y apellido: Gilberto Angelucci, quizá el menos citado
cuando de ventajas se hablaba, pero que ayer siempre estuvo
en el lugar adecuado para impedir el paso de todos los
disparos.
El guardameta criollo, a quien se le cuestionó
porque se quedó como una estatua en la jugada del
gol de los chilenos en San Cristóbal, dejó
claro por qué es el portero titular y por qué
debe seguir siéndolo, al menos en los partidos
siguientes.
Las
tapadas y paradas del espigado cancerbero dejaron
bien ubicado al equipo criollo en la tabla de clasificaciones
y mudos a los seguidores de un Perú que entró
al gramado agrandado por el triunfo ante los uruguayos
y que salió cabizbajo, totalmente desconcertado,
por no poder ganar en casa por segunda vez corrida
en la actual eliminatoria mundialista.
El punto conseguido en Lima por el equipo venezolano
vale mucho, casi oro, sobre todo si se considera
la inesperada pérdida ante los chilenos en
casa el martes pasado.
El dígito permite a la vinotinto mantenerse
en la mitad de la tabla clasificatoria, muy cerca
de las posiciones de privilegio que ya conoce
e, incluso, sobre los peruanos.
Esta vez acertó
El seleccionador nacional Richard Páez
atinó en esta oportunidad con su modificación.
La inclusión de Miguel Mea Vitali en
la primera línea de volantes le dio al
equipo seguridad en la salida y, junto a Leo
Jiménez, una dupla que destruyó
muchos de los intentos ofensivos de los peruanos
en la mediacancha.
Venezuela, no obstante, careció de
la urgente definición en el último
cuarto de la cancha. Desbordó las bandas,
especialmente la derecha por intermedio
de Luis Vallenilla, pero los centros no
llegaron o, allí, donde se debe, no
se resolvió a tiempo. Cuando jugó
en solitario, Rondón no rindió
frutos, tampoco lo hizo Ruberth Morán,
quien lo sustituyó en la fase complementaria,
ni Massimo Margiotta, quien entró en
las postrimerías.
Eso fue lo malo, no hacer goles. Lo bueno
es que Venezuela tampoco los permitió
con un Angelucci que sacó todo, amparado
por una última línea que confrontó
dificultades en la primera mitad del cotejo,
pero que corrigió a tiempo.