JAVIER BRASSESCO
KELVY PIRELA
ENVIADOS ESPECIALES/EL UNIVERSAL
Maracaibo.- Ya desde el mediodía el cielo
trajo un mal augurio: una lluvia tenaz cayó por más
de cuatro horas en la ciudad de San Cristóbal. Un taxista
advertía sobre las malas condiciones de drenaje de un estadio
que en sus palabras es "más pirata que Morgan".
Pero el compromiso de la gente con su selección fue
mucho más allá, y ni siquiera el torrencial aguacero
fue capaz de aguar un ánimo aparentemente invencible.
Desde el mediodía el acceso al estadio estaba colapsado
y hacia la mitad de la tarde, cuando aún faltaban más
de tres horas para que comenzara el partido, casi toda la
tribuna popular estaba llena mientras los fanáticos
aguantaban estoicamente una lluvia que no amainaba.
Parecía que nada sería capaz de aplacar aquella
efervescencia, aquella entrega total de todos los fanáticos
hacia su equipo de fútbol. Cuando por fin amainó,
poco después de las cinco de la tarde, los cuatro
árbitros del encuentro, vestidos con pantalón
gris, saco negro y corbata amarilla, salieron a hacer
una inspección al terreno. Por las cornetas Mister
Bryan cantaban "Bandoneando voy por Venezuela" y la gente
se animaba todavía más. Entonces apareció
el cuerpo técnico de la selección chilena y
los abucheos no fueron tan intensos como uno hubiera imaginado,
mientras unos cincuenta seguidores de la selección
austral, reunidos en una punta de la tribuna popular,
gritaban vivas a su equipo.
Los jugadores de la selección austral salieron
al terreno poco después mientras por los micrófonos
se anunciaba la alineación vinotinto. Los fanáticos
aplaudieron especialmente al pequeño Rondón
y al técnico Richard Páez, mientras que los
más abucheados fueron... ¡Giancarlo Di Martino,
alcalde de Maracaibo y el gobernador del Estado Táchira,
Ronald Blanco! Sí, los dos políticos hicieron
su aparición en Pueblo Nuevo poco antes de que
comenzara el partido y tuvieron que aguantar un montón
de consignas en su contra.
"Estos son, estos son los que joden a la nación",
"Di Martino está coleado", y la ya clásica
"Y va a caer, y va a caer, este gobierno va a caer".
Se fueron antes de que terminara el encuentro.
Se acercaba la hora, Caramelos de Cianuro cantaba
un supuesto himno vinotinto mientras una actriz
de Ají Picante daba gritos por un micrófono
sin que nadie le hiciera caso. Frank Quintero cantó
el Himno Nacional, acompañado por todo el estadio,
y el partido dio comienzo.
Los fanáticos siguieron a su selección
a rabiar hasta que en el minuto 83 el chileno
Pinilla logró callarlos con un gol que dejó
tieso a Angelucci y a veinticinco mil personas
más. En las gradas todos se veían las
caras, se restregaban los ojos, pero nadie decía
nada. El furor los hizo vivir un sueño de
duró cinco días y del que recién
se estaban despertando.