KELVY PIRELA
EL UNIVERSAL
El cuerpo se suspende en el aire por el brinco y con los
brazos queriendo alcanzar el cielo sale un grito del alma que
lo explica todo: gol.
Una, dos, tres veces, el asunto tuvo matices de "golterapia",
vivida como nunca, ante los uruguayos allá, en su patio,
y acá en Venezuela.
"Se reían de mí porque creía en la vinotinto;
ahora míralos, están igual de enamorados".
El sentido relato de Carlos Peinado resume la conquista
de la vinotinto, un equipo capaz de interesar al más
apático. La certeza fue corroborada por decenas de
personas que se dieron cita en el Coco Bar del centro
comercial Plaza Las Américas, de El Cafetal, para
disfrutar de la histórica goleada sobre Uruguay.
El pitazo inicial fue seguido por los aplausos y las
voces que decían "Vamos, Venezuela".
Cada pase, cada despeje de la defensa, fue aplaudido,
como si el sitio fuera la tribuna del mismísimo
Centenario. El primer gol, el de Gabriel Urdaneta
en el minuto 18, encendió la fiesta, las mesas
se convirtieron en aspersores que bañaban de
cerveza al sitio y sus visitantes. Sin embargo, aún
había espacio para la cordura y desde el fondo
reclamaban: "Siéntense".
Tras el receso, amenizado el "Va, va, va, la vinotinto
va", Venezuela lo volvió a hacer: en el minuto
62, Héctor González, habilitado por Alexander
Rondón, puso el 2-0.
Veinte minutos luego, Juan Arango definió
un centro de Héctor González. Entonces
quedó claro que la gloria tiene color y bouquet,
es vinotinto.